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martes, 27 de enero de 2015

La enemistad IV/VIII



La afirmación de que las relaciones de poder entre las mujeres son conflictivas y crueles se desprende de la experiencia cada vez más generalizada de la llegada de mujeres a espacios de poder o a jerarquías de poder antes inalcanzables por la baja altura del techo de cristal.

En efecto, bajo normas jerárquicas y autoritarias, con una formación familiar, escolar y laboral que reproduce esta política, y con un pensamiento conservador o una gran dependencia política,   las mujeres que acceden a posiciones de poder reproducen esos mecanismos misóginos.

Sin embargo, lo que duele más a las mujeres es que sea una mujer la misógina, la que actúa de esa manera. Aquí destacan varios aspectos: La idealización que hace imaginar que las mujeres ya estamos en otra parte y debemos confiar entre nosotras,    la expectativa de otra forma de relación entre mujeres y la ceguera que impide ver los mecanismos misóginos implícitos en el poder hegemónico que cubre la actuación pública.

Al ocupar posiciones de poder las mujeres más tradicionales se sienten amenazadas por las otras mujeres (efectivamente las relaciones sociales se basan en la competencia descalificadora y con capacidad selectiva entre mujeres) y, sólo hacen buenas relaciones con mujeres que no les significan una amenaza de desplazamiento y con quienes se les subordinan sin dificultad.

Por otra parte, las mujeres subordinadas que tienen anhelo de otra forma de relación, no tratan de modificar la estructura de relaciones sino que, alimentadas por su formación de género tradicional, se lanzan contra las mujeres en posiciones de poder. No reconocen la capacidad de otra mujer para ascender y sienten que ése lugar debería ser suyo o de otra, pero nunca de quien lo ocupa. Así, mujeres que están en otras posiciones sociales, no reconocen el poder de la mujer que lo detenta, no reconocen sus capacidades y las confrontan con el fin de debilitarlas.

Los hombres se aprovechan de esta tensión, manipulan la enemistad de género y aumentan el conflicto entre las mujeres. La misoginia en la conducta no es reconocida como tal ni por hombres ni por mujeres. En cambio, la misoginia es detectada con facilidad por muchas mujeres en otras mujeres

Nueva ética para nuevos liderazgos

El feminismo y la mirada entre mujeres

Ponencia de Marcela Lagarde y de los Ríos

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lunes, 26 de enero de 2015

Arabia Saudí: Libertad para dos mujeres detenidas por conducir


¡Actúa!

Dos mujeres saudíes han sido detenidas por desafiar la prohibición de conducir. Ambas son presas de conciencia y deben ser puestas en libertad de forma inmediata e incondicional.
Loujain al-Hathloul y Mayssa al-Amoudi fueron detenidas el 30 de noviembre y el 1 de diciembre respectivamente mientras conducían. Ambas son simpatizantes de la  campaña en favor del derecho de las mujeres a conducir en Arabia Saudí.

Ambas mujeres fueron interrogadas sin que se hallaran presentes sus abogados, lo que constituye una violación de la legislación saudí. Después fueron llevadas a sendos centros penitenciarios. Se ignora aún cuál es exactamente la situación legal de ambas mujeres. Se informó a sus familias de que se había prorrogado su detención 25 días pero sin darles ninguna explicación.

Las mujeres saudíes mantienen una campaña pública en contra de la prohibición de conducir desde1990, cuando alrededor de 40 mujeres transitaron conduciendo sus automóviles por una de las principales calles de la capital, Riad. Después de eso, el  gran muftí, máxima autoridad religiosa del país, dictó un edicto religioso en contra de las mujeres que conducían, y a continuación el ministro del Interior dictó una orden ejecutiva por la que se prohibía conducir a las mujeres.

A pesar de ello, la campaña ha continuado a lo largo de los años y las mujeres han desafiado las amenazas y las intimidaciones.

En Arabia Saudí, único país del mundo donde se prohíbe conducir a las mujeres, éstas sufren grave discriminación en la legislación y en la práctica y no están debidamente protegidas frente a la violencia en el ámbito familiar y otras formas de violencia de género. La prohibición de conducir no es sino otro ejemplo de los numerosos aspectos de la vida en que se niegan a las mujeres saudíes sus derechos humanos. Las mujeres siguen sin poder viajar, tener trabajos remunerados, cursar estudios superiores ni casarse sin el permiso de un tutor varón.
¡Actúa!

¡Exige a las autoridades saudíes la liberación inmediata e incondicional de Loujain al-Hathloul y Mayssa al-Amoudi! ¡Actúa!

https://www.es.amnesty.org/actua/acciones/arabiasaudi-mujeres-conducir-libertad-dic14/
http://elcomercio.pe/mundo/asia/arabia-saudi-dos-mujeres-son-detenidas-conducir-auto-noticia-1776865
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domingo, 25 de enero de 2015

La masculinización III/VIII



En contraposición, mujeres y hombres se quejan de que las mujeres se masculinizan en los espacios públicos y especialmente en los espacios políticos. Me asombra que la masculinización sea impropia aunque es notable que sólo es impropia para las mujeres. Casi nadie se perturba por la masculinización de los hombres. Pero volvamos a las mujeres. En una vertiente, el rechazo a la masculinización puede ser porque las mujeres migran de sus formas femeninas y dejan de ser verdaderamente femeninas, como un traición de género a los estereotipos naturalizados y normalizados y en otra, porque se considere inadecuada la masculinidad pública por su supremacismo, su autoritarismo y su sectarismo. Es posible que se critiquen aspectos tan graves como la corrupción, la violencia, el abuso de poder y la impunidad con la que actúan muchos hombres en los espacios público-políticos. Y qué decir de que además lo hagan por el bien de la comunidad, de las mujeres, de los niños y las niñas, por la libertad y la democracia.

Detecto también en esta queja contra la masculinización de las mujeres el anhelo de que las mujeres nos comportemos y actuemos de otra manera., ni femeninamente tradicionales ni como machos. Y, con una ceguera analítica no se observa que los espacios y las esferas políticas están marcados por la cultura política masculina y patriarcal y que las normas, las maneras de hacer las cosas, los procedimientos y las reglas de la política, su discurso y sus lenguajes están normalizados.

Para ser aceptadas con legitimidad, las mujeres que llegan ahí tienen que amoldarse a esa cultura. De no hacerlo la marginación será automática. Qué dilema. Si se adaptan deben hacer cosas con las que tal vez no están de acuerdo (desde el protocolo hasta la negociación política) si no lo hacen, ya saben.

Quienes han sobrevivido a estas contradicciones y con costos muy altos han sido mujeres muy hábiles, con una gran experiencia tanto en espacios políticos mixtos de formación, como son organizaciones y partidos, y en los movimientos y organizaciones de mujeres. Ellas pueden sintetizar su doble experiencia y avanzar siendo bilingües y biculturales. Sólo así es posible a la vez, desmontar la cultura política masculina e introducir como asuntos de interés general los intereses específicos de las mujeres y empezar a hacer política de "otra manera".

Nueva ética para nuevos liderazgos .El feminismo y la mirada entre mujeres .Ponencia de Marcela Lagarde y de los Ríos

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viernes, 23 de enero de 2015

El velo de la igualdad II/VIII



Es común que no se entiendan las políticas afirmativas conocidas como cuotas y que a algunas mujeres les parezcan un atentado a su dignidad. ¿Por qué para unas mujeres las cuotas son un avance y para otras son un atentado a su dignidad e incluso reaccionan frente a las "mujeres cuota" con rechazo y desprecio?

Porque muchas de nosotras hemos sido educadas bajo la ideología de la igualdad que consiste en considerar que somos iguales a los hombres. Este de un principio naturalista y de otro presencial. Se cree que somos igualmente parte de la naturaleza o sobre la base de la "natural" heterosexualidad" se supone que somos iguales por el principio de complementariedad.

En cuanto al principio presencial como mujeres y hombres estamos en las calles, en los transportes, en los almacenes, en las empresas, en las aulas, en los templos, en las casas, porque convivimos con cuerpos presenciales se confunde la presencia simbólica o en la experiencia, con la igualdad.

Las luchas de las mujeres por nuestros derechos y por la igualdad, así como nuestros avances reales, han sido respondidos con una ideología que tiende un "velo de la igualdad y una creencia en la propia superioridad” en la conciencia de las mujeres y nos impide mirar más allá de las presencias y descubrir la desigualdad de género que prevalece aún entre quienes se suponen en igualdad.

Las mujeres de la última generación de cada periodo del siglo XX, hemos creído estar en igualdad con los hombres y ser más adelantadas que las mujeres de la generación anterior y por lo tanto más valiosa. El mismo principio que resulta en el velo de la igualdad y la conciencia de superioridad se aplican entre otras categorías de mujeres, así, las urbanas sienten esta superioridad evolutiva ante las  mujeres rurales, las educadas frente a las analfabetas, las de mayor altura frente a las de tallas bajas, las que controlamos nuestra fecundidad frente a las que no tienen ese recurso, las del primer mundo frente a las de otros mundos y frente a las mujeres indígenas.

Los principios de igualdad con los hombres y de superioridad sobre otras mujeres que caracterizan la subjetividad y las mentalidades de las "incluidas o elegidas"   son componentes de género moderno que contienen un escalón evolutivo y de progreso, y valorizan y posicionan con supremacía jerárquica a unas mujeres frente a las otras. Son recursos políticos para lograr un mejor posicionamiento frente a los hombres, aún cuando muchas mujeres que conviven con ellos se den cuenta de que son minoría en relación con su propio género, y se explican su menor número o su falta de poderes, con el  argumento de que las que no están aquí es porque no se esforzaron o porque tienen alguna incapacidad intrínseca.

Entonces, ¿cómo aceptar mecanismos específicos para eliminar la exclusión de las mujeres si algunas llegaron por sus propios méritos? Muchas mujeres no saben o no interpretan la importancia que tuvo en su propio ascenso y transformación, que durante el siglo XX se dio el gran esfuerzo por la participación de las mujeres y que fue menos difícil hacerlo cuando hubo mayor voluntad política y recursos, entre otros ámbitos en la educación. Que topamos con un techo de cristal que nos impidió escalar (diría nuestra Mabel Burín) y un piso pegajoso que hizo más ardua nuestro caminar para acceder a ramas del conocimiento, de la ciencia y la tecnología, de la filosofía y la teología. Que por más esfuerzos, las mujeres tenemos topes a nuestra acción.

Por eso, las feministas tomaron de otros movimientos como el de los derechos civiles de los negros en EEUU, propuestas para eliminar otras opresiones (exclusión, explotación, discriminación, justificación de la violencia) que inventaron las llamadas acciones afirmativas que consisten en construcción política del principio de equidad: el proceso inicia con el reconocimiento de la igualdad entre quienes están en desigualdad. Y ustedes dirán ¿cómo?

Es la igualdad como equivalencia humana (como dice nuestra querida maestra Amelia Valcárcel) que está en contradicción con la desigualdad política (sexual, social, económica, jurídica, cultural) y pactar aún estando en minoría y bajo opresión política con fuerzas, individuos, grupos e instituciones que tienen "poderes" (están incluidos, ejercen opresión)  para negociar la inclusión de las excluidas.

El principio de necesidad política del pacto para los opresores se encuentra en la amenaza a la estabilidad del orden que supone la reacción emancipatoria y en el valor y los aportes indispensables que hacen las excluidas, en su diversidad, a los otros, al resto de la sociedad y al mundo.

Construir la ciudadanía de las mujeres ha requerido una gran creatividad. Hoy recorre el mundo la exigencia de las mujeres de ser admitidas en los espacios de decisión política, en la representación social y en la ejecución gubernamental, en sociedades que, por su propia dinámica, reproducirían la exclusión de las mujeres y continuarían con el monopolio político de los hombres o de la política patriarcal.

En algunos países se acaba de estrenar la paridad. Para que todo esto sea eficaz en el desmonte de la opresión, es preciso que haya una práctica de la paridad continuada y que en ella se formen generaciones de mujeres políticas para evaluar qué pasó. Pero no basta, como no bastó tener el derecho a votar para ser ciudadanas y nuestras antepasadas y nosotras mismas lo hemos ampliado al derecho a ser electas,  es decir, a representar los intereses universales  de hombres, mujeres, localidades,  comunidades, regiones, países y, de la convocada humanidad en el nuevo siglo. Aún no somos representación simbólica universal.No se  ha ampliado esta capacidad, aquí también  enfrentamos techos de cristal  y pisos pegajosos.

En minoría, sin tradición ni memoria de género si aún no hay en la cultura política el simbólico sólido de las mujeres como representantes universales,  lo peor es que no se acepta que las mujeres nos representemos a nosotras mismas, ni que planteemos necesidades, intereses y miradas propias sobre nosotras mismas, sobre la vida, la sociedad, el Estado.

Nos  quieren  mujeres  agenéricas  o  mujeres  premodernas representantes de los deseos, las necesidades y los intereses de los otros, nos aceptan como seres-para-los-otros (categoría de nuestra maestra Franca Basaglia). Nos aceptan pero mejor si reproducimos las necesidades, los intereses y la mirada de los hombres sobre el mundo y sobre nosotras. Estamos fracturando ese tabú le hacemos fisuras al patriarcado como dirían nuestras compañeras de la diferencia, y cada vez más, pero debemos reconocer que ahí está.


Nueva ética para nuevos liderazgos/ El feminismo y la mirada entre mujeres /Ponencia de Marcela Lagarde y de los Ríos
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miércoles, 21 de enero de 2015

El feminismo y la mirada entre mujeres. Algunas preocupaciones. I/VIII



 Extraído de Ponencia de Marcela Lagarde y de los Ríos

Dondequiera que voy, en espacios de los movimientos y organizaciones civiles, en particular en espacios de mujeres y feministas, se levantan varias ideas con mucha fuerza sobre problemas en la participación política de las mujeres, a veces coincidentes con formas privadas y domésticas de ejercer el poder.

Algunas de estas ideas son acusaciones desde la formulación misma mientras que  otras miran con impotencia la actuación de las mujeres. Veamos algunas de ellas:

1 - Las  cuotas  de  participación  crean  "mujeres  florero", manipulables, sin voz propia y, además son innecesarias porque llega la que se esfuerza.
2- Las mujeres se masculinizan en cuanto ocupan posiciones de poder.
3- Las relaciones de poder entre las mujeres son conflictivas, duras e incluso crueles y hay quienes afirman que no hay peor enemiga de una mujer que otra mujer.
4- Cuando las mujeres del movimiento tienen un espacio en el poder público se olvidan de sus compañeras, las dañan o las manipulan.
5- Las mujeres de la sociedad civil y de los movimientos sociales no se reconocen en los liderazgos de sus compañeras cuando ocupan posiciones de poder o cuando se convierten en funcionarias del gobierno, en representantes populares como diputadas, o son distinguidas de alguna manera.

Nueva ética para nuevos liderazgos .El feminismo y la mirada entre mujeres .Ponencia de Marcela Lagarde y de los Ríos

http://webs.uvigo.es/pmayobre/textos/marcela_lagarde_y_de_los_rios/el_feminismo_y_la_mirada_entre_las_mujeres_marcela_lagarde_rios.doc.
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martes, 20 de enero de 2015

El Papa y su madre.



Aunque soy  una persona que aprecia el sentido del humor, no me gusta nada el escatológico.  Lo siento, me parece de mal gusto y no le veo ninguna  gracia. Hablando muy en serio y sin nada de broma, diré que me desagradan, especialmente, los chistes machistas. También los  homófobos y los  racistas. No me gustan porque generan violencia y sufrimiento, y aunque, cada vez más personas comparten mi opinión, aún hay muchísima gente a la que le divierten. Aun estando en mi mano, me parece que, prohibirlos no sería una buena solución. Matar a quien los cuente, en ningún caso. Cuando toda la sociedad  rechaza algo, ese tipo de humor deja de tener sentido,  pero mientras tanto, mientras tenga su público,  me tendré que aguantar y hacerle  frente, desde un punto de vista civilizado y justo, es decir, respetando las normas que, entre todos, nos hemos dado. La risa, unas veces, las más, nos ayuda a vivir. En otras ocasiones  nos duele que otras personas se rían, se mofen, de según qué cosas. Le pasa a cualquiera.

Con el humor gráfico se denuncia, se critica, se protesta; es imprescindible. En España, el humor no suele mofarse de la religión. Al menos, esa es mi percepción.  Sí hay, en cambio,  ministros  beatos y  algunos obispos que no son tan respetuosos con los sentimientos de muchas personas.  Sienten  más simpatías por la libertad de púlpito que por la libertad de expresión.

Tras el atentado contra Charlie Hebdo  el dilema libertad o seguridad vuelve . Ambas son tan necesarias como inalcanzables, por eso la pregunta sería: ¿quiero vivir con miedo? Ya aprendimos que al chantajista todo le parece poco,  y quien amenaza con el miedo no busca nuestro bienestar sino nuestro control.

Al ser preguntado el Papa y tras lamentar estos asesinatos matizó: "Es verdad que no se puede reaccionar violentamente, pero si mi amigo, dice una mala palabra de mi mamá, puede esperarse un puñetazo. ¡Es normal!". Yo le preguntaría ¿Qué debe hacer, entonces, un hijo cuando matan a su madre? Hasta donde yo sé, Jesucristo no habló de venganza. ¿Tiene algún sentido que la religión induzca a la violencia en vez de a la paz?




Publicado en Diario Jaén el 20 de enero de 2015

Pilar de la Paz Moya es experta en género e igualdad de oportunidades.
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lunes, 19 de enero de 2015

Acceso a la justicia VII/VII



Muchos actores han señalado que existe desconfianza hacia el sistema judicial en lo relativo a las cuestiones de género. Afirman que, a menudo, los jueces desestiman, con demasiada ligereza y de manera sesgada, las solicitudes presentadas por parte de las mujeres relativas a órdenes de protección, o prevención de los derechos de visita o de custodia de sus parejas violentas. Además, señalan que los jueces tienden a despreciar las pruebas presentadas por las mujeres considerándolas falsas o manipuladas. Sin embargo, están dispuestos a aceptar las acusaciones vengativas de los maridos sospechosos de violencia en las que afirman que la violencia es mutua o que la mujer ha alienado a los niños.

Numerosos actores han señalado que la Ley 10/2012, por la que se regula los costes en la administración de justicia, establece unas tasas elevadas para la presentación de demandas ante los tribunales, lo que ha supuesto un serio obstáculo que limita la posibilidad de litigar en causas civiles, familiares, laborales y administrativas.

Conclusión

Los esfuerzos de España por integrar a las mujeres en la vida pública, política y económica, y el compromiso de erradicar la violencia doméstica son innegables. Se han adoptado un conjunto impresionante de leyes, políticas y planes para lograr dichos objetivos. No obstante, las raíces de la discriminación que se encuentran en la cultura machista y en las actitudes patriarcales, y que restringen el papel de las mujeres a las funciones tradicionales en el hogar, dando pie a la violencia de género, no han sido diagnosticadas y abordadas adecuadamente. En consecuencia, la voluntad política no ha logrado garantizar que la igualdad de género tenga una posición destacada en los marcos institucionales de la educación, la formación, la sensibilización, los servicios asistenciales y el acceso a la justicia, todos ellos necesarios para lograr una igualdad transformadora.

MADRID (19 de diciembre de 2014) - Al finalizar la misión de 10 días a España, en la que la delegación del Grupo de Trabajo compuesto por Frances Raday y Eleonora Zielinska, visitó las ciudades de Madrid, Sevilla, Bilbao Vitoria y Pamplona, Frances Raday pronunció la siguiente declaración , de la que este texto es parte: - See more at: http://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=15444&LangID=S#sthash.Il6IhEOg.dpuf

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sábado, 17 de enero de 2015

Hoy 17 de enero se cumplen 40 años de la ley que permite el aborto en Francia.


Aprendiendo de las luchas de las mujeres. 

Hoy 17 de enero se cumplen 40 años de la ley que permite el aborto en Francia. 
Vino precedida de muchos años de lucha, durante los cuales hubo potentes manifestaciones (en 1971 desfilaron 40 000 mujeres en París). Hubo, también en 1971, « Le manifeste des 343 salopes » por el que mujeres muy conocidas (Simone de Beauvoir, Catherine Deneuve, Marguerite Duras, Gisèle Halimi, Agnés Varda, y así hasta 343) se auto inculparon de haber abortado. No las procesaron, claro, so pena de meter en la cárcel a lo más granado de la cultura francesa. Hubo, en 1973, la autoinculpación de 331 médicos... 
Por fin, el gobierno de derechas encargó a Simone Veil, ministra de sanidad, la elaboración de una ley. 
Simone Veil la defendió con gran determinación y valor ante un parlamento muy hostil (es su propio campo) compuesto por 300 y pico hombres y solo 8 mujeres. Tuvo que oír los peores ataques incluidos los de los bestias que la acusaron de hacer con los fetos lo que los nazis había hecho con los judíos. Lo cual constituía un doble escarnio teniendo en cuenta que era judía y por como consecuencia, fue deportada a Auschwitz-Birkenau, donde toda su familia murió salvo ella y una hermana.
La ley fue promulgada el 17 de enero de 1975. 
Es una mujer extraordinaria, que lo sepáis. De derechas pero culta, humana, inteligente y valiente. Su discurso en el parlamento es de antología. Aquí, un vídeo de resume histórico (en francés). 
Tomado de Pilar Aguilar Carrasco activista por los derechos de las mujeres.


“No podemos seguir cerrando los ojos sobre los 300.000 abortos que cada año mutilan a las mujeres de nuestro país”. Con estas palabras, Simone Veil, la ministra de Sanidad del gobierno de Jacques Chirac denunciaba el drama de los abortos clandestinos en Francia ante los diputados de la Asamblea francesa.

Veil fue la encargada de defender ley de la interrupción del embarazo, una cuestión que levantó un duro y agrio debate en la sociedad francesa desde el anuncio de su elaboración. Como la propia Veil recordaría más tarde en su autobiografía, Une vie, “frente a un estamento conservador -el médico- yo ofrecía tres significativos defectos: Ser mujer, estar a favor de la interrupción del embarazo y por último, ser judía”.

El primer día de debate en la Asamblea, un hemiciclo donde el ambiente era tan denso que se podía cortar el aire con el filo de un cuchillo, y con una buena parte de los diputados de su propia formación política en su contra, Simone Veil pronunció unas palabras que resonaron en toda la sala: “Me gustaría hacerles compartir una convicción de las mujeres. Pido disculpas por hacerlo ante una asamblea formada exclusivamente por hombres: Para ninguna mujer abortar es una cosa placentera”

A lo largo de más de veinticinco horas de debates Veil tendrá que escuchar los ataques más violentos (y hasta personales) desde los sectores más radicales de la derecha. La misma Veil verá cómo su casa amanece con pintadas injuriosas, cruces gamadas y recibe amenazas de los sectores más integristas. Un diputado, Alexandre Bolo, la acusa de “instaurar un nueva forma de eutanasia legal”. Las palabras del político conservador suscitan un gran escándalo en el parlamento cuando se le recuerda que la familia de Simone Veil había muerto en las cámaras de gas de los campos de concentración. Veil no abdica en sus convicciones, lo único que le preocupa es poder alcanzar esa mayoría necesaria para aprobar la ley. “Los poderes públicos no pueden eludir su responsabilidad” responde a los opositores mientras defiende su ley como” representante público y como mujer”.

Despues de tres días de debates apasionados y enardecidos, la ley de despenalización del aborto es finalmente votada en la noche del 29 de noviembre de 1974: 285 votos a favor y 188 en contra. En los votos a favor se mezclan los de la izquierda, socialistas y comunistas, y de centro. El proyecto de ley recorrerá despues el senado siendo finalmente el 17 de enero de 1975 promulgada. Una despenalización del aborto, que a pesar de sus limitaciones y provisionalidad, entre otras deficiencias, quedaba fuera de la cobertura de la Seguridad Social y acababa con una legislación que a lo largo del siglo XX había penalizado a las mujeres. En algunos casos hasta con la pena de muerte. Como el caso de Marie-Louise Giraud, que moriría en la guillotina en 1943 acusada de realizar abortos. Una mujer y un discurso de cuarenta y cinco minutos en la Asamblea habían conseguido cambiar finalmente el curso de la historia. La valentía y la firme convicción de una mujer que, quizás sin quererlo, acabaría convertida en uno de los iconos del combate de la mujer por sus derechos en el siglo XX.
CARLES GÁMEZ



http://smoda.elpais.com/articulos/simone-veil-el-aborto-y-la-proclama-de-las-343-zorras/5636
http://www.humanite.fr/il-y-40-ans-simone-veil-montait-au-creneau-en-faveur-de-livg-558324
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Participación en la vida pública y política VI/VII



La Ley de 2007 estableció una cuota de representación política del 40% para cada sexo, lo cual tuvo como resultado un aumento significativo de la participación de las mujeres en el Parlamento. Por otra parte, se consiguió la paridad en el gobierno nacional, pero ésta no se ha mantenido, y la proporción de mujeres se sitúa actualmente en el 30%.

Si bien es cierto que las mujeres han ido ingresando en el poder judicial desde finales de los años 70, y actualmente representan el 33% de los miembros de los niveles medio y bajo, el número de mujeres en los niveles más altos del poder judicial son apabullantemente bajos: en el Tribunal Supremo, de 70 jueces sólo 12 son mujeres; no hay mujeres presidentes de salas en la Audiencia Nacional; y de los 52 Presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia sólo 6 son mujeres. El número inferior de promociones de mujeres cualificadas a embajadoras en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Más mujeres deben ser promocionadas en función de sus méritos hasta los niveles más altos de la administración pública, superando así las barreras estereotipadas.



MADRID (19 de diciembre de 2014) - Al finalizar la misión de 10 días a España, en la que la delegación del Grupo de Trabajo compuesto por Frances Raday y Eleonora Zielinska, visitó las ciudades de Madrid, Sevilla, Bilbao Vitoria y Pamplona, Frances Raday pronunció la siguiente declaración, de la que este texto es parte  - See more at: http://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=15444&LangID=S#sthash.Il6IhEOg.dpuf
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jueves, 15 de enero de 2015

Salud y seguridad.V/VII




El Grupo de Expertas reconoce que el anteproyecto de ley de 2013, por el cual se restringe el derecho al aborto establecido en la Ley Orgánica 2/2010 sobre la salud sexual y reproductiva y el aborto, fue retirado a la luz de la oposición popular. Sin embargo, nos preocupa que, incluso en la presente ley, la objeción de conciencia de los profesionales médicos pueda impedir el acceso de las mujeres al aborto legal, como ha ocurrido en Navarra, donde no se ha realizado ningún aborto desde 1986. Somos conscientes de que una nueva propuesta legislativa puede ser presentada ante el Parlamento, en la cual las niñas de 16 y 17 años deberán obtener el consentimiento de los padres para poder abortar, en lugar de la notificación a uno de los padres, a menos que esta circunstancia pueda suponer un claro y grave peligro de violencia doméstica. Esta medida restringirá aún más el acceso de las niñas a un aborto seguro y legal, y la carga de la prueba recaerá en las niñas que al notificar la situación a los padres podrán verse expuestas a un riesgo. Consideraciones similares se aplican a las niñas menores de 16 años, que en la actualidad no pueden acceder a un aborto legal sin el consentimiento parental.



Los migrantes en situación irregular ya no están cubiertos por el sistema de salud universal, con ciertas excepciones. Se nos ha señalado que esto tiene un impacto desigual sobre las mujeres migrantes, ya que aquellas que no pueden costearse el seguro se verán privados de la atención en los servicios médicos que son un medio valioso para la detección de la violencia de género.



MADRID (19 de diciembre de 2014) - Al finalizar la misión de 10 días a España, en la que la delegación del Grupo de Trabajo compuesto por Frances Raday y Eleonora Zielinska, visitó las ciudades de Madrid, Sevilla, Bilbao Vitoria y Pamplona, Frances Raday pronunció la siguiente declaración, de la que este texto es parte  - See more at: http://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=15444&LangID=S#sthash.Il6IhEOg.dpuf
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martes, 13 de enero de 2015

Violencia contra las Mujeres IV/VII



La Ley Integral de Medidas de Protección contra la Violencia de Género de 2004 establece un sólido marco jurídico para la prevención, protección, procesamiento y sanción de la violencia por parte de la pareja. La ley establece también un tribunal penal especializado para la resolución de los delitos contemplados en las disposiciones de la misma. El Ministerio del Interior ha desarrollado el sistema VioGen, una base de datos sofisticada e innovadora a nivel nacional que está a disposición de las fuerzas y cuerpos de la seguridad del Estado. Este sistema de supervisión y seguimiento de la violencia doméstica es una herramienta poderosa para la evaluación de riesgos para la protección de las víctimas. Esperamos que el ámbito de aplicación de la Ley y del sistema VioGen sea ampliado para abarcar todas las otras formas de violencia de género contra las mujeres, incluida la violencia por parte de los cuidadores, la violencia policial, la violencia en los espacios públicos, en los lugares de trabajo y en las escuelas. Asimismo, esperamos que el sistema siga centrado exclusivamente en la violencia de género en el sentido de la Convención de Estambul.

Todos los actores expresaron su profunda preocupación por el alto nivel de violencia doméstica. En 2013 se denunciaron 124.894 casos de violencia de género por parte de una pareja o ex pareja. Se siguen produciendo casos en los que las mujeres o los niños y las niñas son asesinados, en algunos casos después de reiteradas denuncias ante la policía. En 2013, 54 mujeres fueron asesinadas por sus parejas. Por otra parte, dos mujeres fueron asesinadas por sus parejas durante nuestra visita. Al menos una de ellas había denunciado anteriormente a la policía que sufría violencia. Varios actores señalaron que los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, incluidos los trabajadores sociales, la policía y los jueces, fracasan a menudo debido a una formación no adecuada con perspectiva de género, a la valoración inadecuada del testimonio de las mujeres con respecto al riesgo de violencia que existe contra ellas y sus hijos, y a la falta de prestación de las medidas para proteger las necesidades de las mujeres víctimas en el sistema de justicia penal. Esto puede afectar el dictado de órdenes de protección, que sólo se aprueban en el 59% de la solicitudes que llegan a los tribunales. Además, numerosos actores nos informaron que, a menudo, los padres tienen derechos de visita, a pesar de haber cometido actos de violencia doméstica.

Los fallos en la diligencia debida en estos casos quedaron reflejados en la decisión emblemático del Comité de la CEDAW sobre el caso González, en el que, entre otras cosas, recomienda que los jueces y el personal administrativo reciban una formación obligatoria, que no se permita el ejercicio de la custodia y de los derechos de visita cuando exista peligro para la seguridad de las víctimas de la violencia, incluidos los niños y las niñas, y que el interés superior del niñas prevalezca. Esperamos con interés la aplicación de las recomendaciones y la respuesta del gobierno a la CEDAW. La capacitación y la formación de calidad en género deben ser obligatorias para los agentes responsables de hacer cumplir la ley y los miembros del poder judicial, de todos los niveles, y para los trabajadores psicosociales y sanitarios.

La situación de los servicios de protección prestados a las mujeres víctimas de violencia doméstica se está deteriorando en todo el país, incluida la menor disponibilidad de refugios para mujeres y niños. La decisión de reducir el número de refugios es lamentable a la vista de las excepciones que hemos visto en nuestra visita a Andalucía, donde el número de centros de acogida y la calidad de la protección se mantiene a pesar de los recortes presupuestarios en todos los ámbitos.

Todos los actores consideran que la trata de mujeres con fines de explotación sexual es un problema social trágico, y expresan su preocupación por la falta de implementación de métodos existentes para identificar a las víctimas de trata, sobre todo en los casos de expulsión.


MADRID (19 de diciembre de 2014) - Al finalizar la misión de 10 días a España, en la que la delegación del Grupo de Trabajo compuesto por Frances Raday y Eleonora Zielinska, visitó las ciudades de Madrid, Sevilla, Bilbao Vitoria y Pamplona, Frances Raday pronunció la siguiente declaración , de la que este texto es parte - See more at: http://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=15444&LangID=S#sthash.Il6IhEOg.dpuf



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domingo, 11 de enero de 2015

Educación, Cultura y estereotipos.III/VII



La desconexión entre los logros educativos de las mujeres y el acceso a las oportunidades económicas debe abordarse a nivel de la educación escolar, mediante la eliminación de los estereotipos en el sistema educativo y la prestación de servicios de orientación profesional para las niñas. Los actores señalaron que los libros de texto siguen sin revisarse a pesar de las recomendaciones del CEDAW de 2009.

Muchos actores consideran contraproducente para la erradicación de los estereotipos discriminatorios de género y el empoderamiento de la mujer el cambio introducido en el currículo educativo, por el cual la asignatura de ciudadanía, con su componente educativo en materia de ética cívica y derechos humanos, se ha convertido una optativa alternativa a la religión. La enseñanza de la temática de género de manera transversal en las asignaturas de ciencias sociales y naturales no rectifica esta situación. La enseñanza religiosa no incorpora la teología feminista. Representantes de la Conferencia Episcopal afirmaron que la teología feminista no existe. La asignatura de ciudadanía es una herramienta esencial y necesaria para educar a los niños y las niñas para que entiendan que los valores universales de los derechos humanos y los derechos humanos de las mujeres son una parte inalienable de la ética cívica de todos los estados, y que la violencia de género es una grave violación de los derechos humanos de las mujeres, y está prohibida tanto por el derecho internacional como el español. Como ya han señalado los relatores especiales de la ONU y los órganos de tratados de derechos humanos, la libertad de religión no puede aducirse para justificar la discriminación contra las mujeres y, por lo tanto, no puede considerarse como una razón justificable para marginar la enseñanza del derecho de la mujer a la igualdad.

El desafío que entraña mejorar el nivel educativo y la empleabilidad de las niñas romaníes es urgente. Tan sólo el 40% de las niñas romaníes se matriculan en la enseñanza secundaria y el 2% en la enseñanza superior. Además, la tasa de participación laboral de las mujeres gitanas es extremadamente baja. El Grupo de Expertas aprecia las políticas de integración adoptadas en algunas Comunidades Autónomas. Sin embargo, la comunidad gitana afirma que en muchos lugares los colegios están aislados y segregados en guetos. Instamos a que se implique aún más a la comunidad romaní en el diseño de las políticas de integración para la educación de las niñas y evitar la creación de guetos.

Los estereotipos negativos de género contribuyen a situaciones de desventaja para las mujeres en todos los ámbitos de la vida. Varios interlocutores lamentaron el uso de lenguaje discriminatorio en los tribunales, la imposición de un papel secundario en la iglesia, la menor representación de las mujeres artistas en exposiciones y premios, y una escasísima representación de las mujeres en la Academia de las Ciencias. En cuanto a los medios de comunicación, existen papeles tradicionalistas y sexistas, publicidad sexista y resistencia a informar sobre los éxitos de las mujeres deportistas. El Instituto de la Mujer obtuvo una orden judicial para la publicidad sexista de una línea aérea comercial fuese retirada. En Andalucía, el Instituto de la Mujer ha creado un observatorio de publicidad anti-sexista en colaboración con el Observatorio Audiovisual.

Hemos observado con preocupación que las mujeres en situación de vulnerabilidad, como las mujeres rurales, las mujeres con discapacidad, las mujeres pobres, las mujeres migrantes y las lesbianas, siguen estando expuestas a múltiples estereotipos discriminatorios.

MADRID (19 de diciembre de 2014) - Al finalizar la misión de 10 días a España, en la que la delegación del Grupo de Trabajo compuesto por Frances Raday y Eleonora Zielinska, visitó las ciudades de Madrid, Sevilla, Bilbao Vitoria y Pamplona, Frances Raday pronunció la siguiente declaración, de la que este texto es parte  - See more at: http://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=15444&LangID=S#sthash.Il6IhEOg.dpuf


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viernes, 9 de enero de 2015

La participación y el empoderamiento económico y social de las mujeres II/VII



Las mujeres están en una posición de desventaja en el mercado laboral. En lo que se refiere al trabajo a jornada completo, las mujeres tienen un nivel más bajo de participación que la media de la UE. De las personas con trabajo a tiempo parcial, el 70% son mujeres y, de éstas, el 58,2% dicen que esta situación se debe a la imposibilidad de encontrar un empleo a jornada completa. Por otra parte, los empleadores han reducido el número de trabajos a jornada completa, convirtiéndolos en trabajos a tiempo parcial con horas extraordinarias para así reducir los costes laborales. Las mujeres son las principales víctimas de esta práctica.

La brecha salarial persiste, siendo ésta del 21,5% en el sector privado y del 13,4% en el público. Existe una desconexión entre los niveles educativos más altos de las mujeres respecto de los hombres y su remuneración inferior. En cuanto al empleo, la promoción de las mujeres a puestos de dirección es inferior a la media de la UE, a pesar de que las mujeres españolas han logrado un nivel mayor en educación superior. Existe una segregación horizontal, por lo que la presencia de las mujeres se concentra en el sector de servicios con bajos salarios.

El desempleo femenino se ha duplicado desde 2008. Sin embargo, la brecha de desempleo entre hombres y mujeres se ha reducido del 8% al 2%. Por otra parte, las mujeres constituyen el 59,9% de los desempleados de larga duración. El desempleo entre las mujeres jóvenes se sitúa en el 54,96%. Según la información recibida, las medidas implantadas tras la crisis económica para aumentar el empleo se han centrado principalmente en los sectores de empleo masculino.

Las condiciones de las empleadas de hogar internas, que en su mayoría son mujeres migrantes, son duras. Los empleadores pueden deducir un 30% en concepto de manutención y alojamiento, aunque no se reduzca de su suelda que nunca será debajo del salario mínimo. A pesar de las mejoras introducidas por la Ley 1620/2011 sobre Empleadas del Hogar, lamentamos que estas trabajadoras aún estén excluidas del seguro de desempleo. En este sentido, alentamos al Gobierno español a ratificar el Convenio de la OIT 189 para la Protección de las Empleadas del Hogar.

La Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva ofrece un sólido marco jurídico para la igualdad de oportunidades en el empleo, incluida la prohibición de la discriminación directa e indirecta, la igualdad de acceso al empleo y la promoción profesional, la conciliación de la vida personal, familiar y la vida laboral, la formación, el equilibrio entre hombres y mujeres en los comités de selección y evaluación, y un salario igual por un trabajo de igual valor. La ley también obliga a elaborar planes de igualdad con medidas de acción positiva en empresas con más de 250 empleados. No obstante, nos indicaron repetidamente que las mujeres no se sienten empoderadas por esta legislación para hacer valer sus derechos de igualdad de oportunidades laborales.

La Inspección de Trabajo y el Instituto de la Mujer son los responsables de la aplicación efectiva del principio de no discriminación, tanto en el sector público como en el privado. No obstante, existe escasa conciencia social sobre esta vía de denuncia. Los actores afirman que el recurso ante los tribunales, por parte de individuos o por las organizaciones de la sociedad civil, para hacer cumplir los derechos de igualdad de oportunidades laborales no se considera una opción viable, ya que estiman que existen pocas posibilidades de éxito, y porque en condiciones de altos niveles de desempleo, el riesgo de perder el empleo es demasiado alto. Se nos informó, por parte de funcionarios estatales responsables del seguimiento en materia de igualdad, que no existe discriminación en el empleo público. Ellos atribuyen el número escaso de mujeres en altos cargos a su ingreso tardío a la carrera profesional (a finales de los años 70). Sin embargo, este argumento no se sostiene a la luz de los datos longitudinales. La brecha salarial del 13,4% en el empleo público sigue sin tener explicación.

La carga asistencial no remunerada de las mujeres constituye una barrera estructural grave y adicional a la igualdad de oportunidades laborales. El Grupo de Expertas aprecia que, de acuerdo con las normas internacionales, la mujer tiene derecho a la baja remunerada por maternidad, y los padres tienen derecho a un permiso para el cuidado de los hijos. También expresamos nuestra apreciación en cuanto a la extensión de las horas laborales reducidas para los padres de niños de hasta 12 años (antes 8 años) y la extensión de los derechos a pensiones para los trabajadores a tiempo parcial. Sin embargo, las medidas de austeridad en ciertas comunidades autonómicas han reducido la subvencionabilidad de los cuidados de dependientes y de los servicios para niños y niñas como guarderías y comedores escolares, de manera que se ha privatizado la carga asistencial. Estas medidas han aumentado la barrera asistencial para la participación y la promoción de la mano de obra femenina. Entre las medidas esenciales para las mujeres y la recuperación sostenible de la economía se incluyen un nivel mínimo garantizado de protección social para la atención, en especial para los padres que trabajan a jornada completa, y la sincronización de la jornada escolar y las vacaciones con el horario laboral.


MADRID (19 de diciembre de 2014) - Al finalizar la misión de 10 días a España, en la que la delegación del Grupo de Trabajo compuesto por Frances Raday y Eleonora Zielinska, visitó las ciudades de Madrid, Sevilla, Bilbao Vitoria y Pamplona, Frances Raday pronunció la siguiente declaración, de la que este texto es parte - See more at: http://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=15444&LangID=S#sthash.Il6IhEOg.dpuf

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miércoles, 7 de enero de 2015

Discriminación contra la mujer en España I/VII

 Dado el interes del informe del Grupo de Trabajo de la ONU sobre la cuestión de la discriminación contra la mujer en el legislación y en la práctica finaliza su misión en España, lo difundimos por partes:

“Nos gustaría expresar nuestro sincero agradecimiento al Gobierno de España por habernos invitado a realizar esta visita al país y por su organización eficiente. Estamos muy agradecidos a todos nuestros interlocutores, incluidos los funcionarios del Estado a nivel central y regional, representantes de organizaciones de la sociedad civil y representantes de organismos de las Naciones Unidas. También quisiéramos agradecer a las diversas asociaciones de mujeres que compartieron sus experiencias con nosotras.

El Grupo de Expertas aprecia el impresionante marco legislativo e institucional de gran alcance que existe en España en el ámbito de la igualdad, incluidas las disposiciones constitucionales de 1978, la Ley contra la Violencia de Género de 2004, la Ley del matrimonio entre personas del mismo sexo de 2005, la Ley Orgánica 3/2007 sobre igualdad efectiva, la creación del Ministerio de Igualdad en 2008, la Ley Orgánica de 2010 sobre la salud sexual y reproductiva y el aborto, y la Ley del 2013 sobre asistencia jurídica gratuita a las víctimas de violencia. Se crearon mecanismos institucionales específicos para la aplicación de la igualdad de género: el Instituto de la Mujer en 1983, un comité interministerial sobre la igualdad entre mujeres y hombres, las unidades de género en todos los ministerios, el consejo de participación de mujeres y los institutos de la mujer a nivel autonómico.

Se han introducido numerosos planes y políticas de igualdad de género, tanto a nivel nacional como autonómico, incluidos sucesivos planes estratégicos en materia de igualdad, estrategias en materia de violencia contra la mujer, un Plan de Acción Nacional para la Aplicación de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad, y una propuesta para aprobar el Estatuto de la Víctima que proporcionará una mejor protección de los derechos de las víctimas de delitos en los procesos judiciales.

No obstante, estos instrumentos legislativos y los diversos planes y políticas no han logrado hacer mella en la cultura machista ni en la influencia social de las actitudes religiosas patriarcales, que siguen siendo poderosas a pesar de la retórica de la igualdad. Tampoco han reducido el nivel de violencia contra las mujeres, en todas sus formas, que sigue siendo motivo de grave preocupación para todos los actores.

Por otra parte, en 2010, el Ministerio de Igualdad fue disuelto y sus funciones fueron asignadas al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. En 2014, el Instituto de la Mujer se convirtió en un órgano cuyo mandato abarca todas las formas de discriminación, lo cual redujo la visibilidad, el enfoque y la especialización en materia de género de las instituciones.

Además, en el contexto de la crisis económica, se han tomado medidas que afectan negativamente el disfrute de los derechos económicos y sociales por parte de las mujeres. Las percepciones de los actores están polarizadas respecto a las repercusiones que dichas medidas tienen sobre la situación de las mujeres en relación con la de los hombres.

Muchos interlocutores, incluidos representantes de los gobiernos regionales, han señalado un retroceso preocupante en el empoderamiento social y económico de las mujeres. Según algunos interlocutores, esta regresión es el resultado no sólo de la crisis económica, sino también de la política del gobierno y de las medidas de austeridad, que no están plenamente explicadas ni justificadas por la crisis económica. Señalan recortes presupuestarios en los servicios sociales de muchas comunidades autónomas, lo que conlleva el debilitamiento o el cierre de las instituciones que prestan servicios a las mujeres, a sus hijos y a sus dependientes.

Otros actores indican que no sólo se ha mantenido los gastos sociales a nivel nacional, sino que éste se ha incrementado entre los años 2007 y 2012. No obstante, convienen en que estos niveles presupuestarios no fueron suficientes para mantener el nivel de los servicios que precisan las personas necesitadas en una situación de creciente demanda de asistencia social.

Los presupuestos institucionales para las fuerzas y cuerpos de la seguridad del Estado y las instituciones de igualdad de género se han mantenido e incrementado por primera vez en esta legislatura en 2014.


MADRID (19 de diciembre de 2014) - Al finalizar la misión de 10 días a España, en la que la delegación del Grupo de Trabajo compuesto por Frances Raday y Eleonora Zielinska, visitó las ciudades de Madrid, Sevilla, Bilbao Vitoria y Pamplona, Frances Raday pronunció la siguiente declaración - See more at: http://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=15444&LangID=S#sthash.Il6IhEOg.OGB7gqnN.dpuf


 Imagen de obra de María Jesús Hernández Sanchéz  http://mariajesushernandezsanchez.com/
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lunes, 5 de enero de 2015

Los derechos reproductivos en Ecuador


“Prefirió morir…
Ese día que le encontraron fue espantoso, colgada. Lo que le pasó a mi hija es mi culpa, yo no me di cuenta. Yo le juro que le hubiera ayudado. Yo le veía rara, medio triste, pero que me iba a imaginar
que estaba embarazada y que no quería tenerle. Yo hubiera hecho cualquier cosa, señorita, con tal que no haga eso, ¿quería abortar? Yo le ayudaba, pero que no se haga daño ella, y si quería seguir también le hubiera ayudado, ahora es muy tarde, le voy a llorar toda la vida.”

¿Qué razón o justificación hay para permitir tanto dolor? Esta madre “le hubiera ayudado” a su hija, en un acto solidario y de apoyo en el cual no importaba si era legal o no lo que iban hacer, la vida de su hija era  más importante. Esa vida que ella había parido, cuidado, educado y alimentado. Esta mujer luchaba sola por sus hijos, como tantas mujeres ecuatorianas jefas de hogar.


Prefirió morir….
Lo que le pasó a mi hija es mi culpa, yo no me di cuenta y cuando hizo lo que hizo yo estaba trabajando. Yo no tengo tiempo, trabajo todo el día y ella ha sabido estar con su enamorado. Yo le juro que le hubiera ayudado, lo que sea. ¿Por qué hizo eso? Nos dejó con esta pena tan grande, porque era muy inteligente, quería estudiar, viajar, divertirse, en fin lo que cualquier muchacha sueña. Mire señorita la verdad es que yo había estado ciega a lo que pasaba, ella tenía 16 años, estaba estudiando y me ayudaba en la casa porque era la mayor. Del colegio ella iba a la casa y adelantaba la comida, arreglaba, y atendía a sus dos hermanos que llegaban después. Yo le veía rara, medio triste, pero que me iba a imaginar que ha estado embarazada y que no quería tenerle. Un día si me preguntó,
¿mami a usted si le gustaría ser abuela? Yo le dije que si, pero que antes tenía que estudiar,salir adelante y ser alguien en la vida. Yo no le dije nada mas… pero ella que pensaría, que le voy a mandar de la casa como hicieron con una compañerita suya, o que le voy a pegar o no se…
Vea, yo no soy una vieja, yo trabajo en la calle, veo como es la juventud ahora, tienen relaciones sexuales, son mas adelantados de lo que éramos nosotros, pero una es tonta,
vergonzosa. Que me voy a meter en sus cosas, primero porque me daba vergüenza preguntarle cosas y luego porque yo misma no se mucho de eso. Tiempos que ni tengo relaciones porque estoy separada.
Cuando le bajó la regla por primera vez algo le dije, que se cuide, que ya estaba señorita y que ya podía tener hijos, pero ella ya sabía todo y me dijo: Mami, si yo si se, me tiene que dar para comprar toallas sanitarias. Cuando supe que tenía enamorado si me preocupé un poco, pero era responsable, cuidadosa, que no me podía imaginar. Este chico se sabe que estuvo muy triste, pero ni se ha asomado para nada.
Ese día que le encontraron fue espantoso, la encontraron colgada, había amarrado la soga en un gancho de fierro que había sido para colgar una maceta grande, no se como haría pero de ahí es que se amarra y se cuelga.
El hermano le encuentra y grita y pide ayuda pero ya era tarde, cuanto… había estado ya muerta. En la autopsia dijeron que estaba embarazada. Una amiga si había sabido, pero no se imaginó que se iba a matar. Pobrecita mija, prefirió morir… a seguir con el embarazo.
Yo hubiera hecho cualquier cosa, cualquier cosa señorita con tal de que no haga eso, ¿quería abortar? Yo le ayudaba, pero que no se haga daño ella, y si quería seguir también le hubiera ayudado, pero ahora es muy tarde para cualquier cosa y le voy a llorar toda

Virginia Gómez de la Torre
Médica, feminista

Cómo se viven los derechos reproductivos en Ecuador: escenarios, contextos y circunstancias
http://www.fundaciondesafio-ec.org/pdf/Libro%20decisiones%20cotidianas%20ARTS.pdf
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sábado, 3 de enero de 2015

Derechos humanos y género . V/V


Los derechos humanos constituyen una ideología cuyo potencial liberador y emancipatorio resulta prometedor precisamente por su carecer universal. Los derechos humanos han sido estandarte de luchas sociales en muy diversas latitudes del planeta, han generado activismo local, regional e internacional, y han logrado un reconocimiento generalizado tanto por la sociedad como por los gobiernos y los organismos supranacionales. En la teoría de los derechos humanos, se siguen debatiendo los alcances, contenidos y definición misma del principio básico de igualdad. Tanto la teoría como la práctica de los derechos humanos enfocan la cuestión del sujeto; se discute quiénes detentan la titularidad de los derechos y cuáles son los obstáculos para lograr la anhelada universalidad. La contribución de los análisis de género a este debate ha sido consistente y decisiva. Se han estudiado los mecanismos de exclusión de las mujeres del pacto fundacional de la soberanía y las instituciones modernas, así como la constitución de espacios sociales diferenciados que, en virtud de su asignación generizada a sujetos determinados, fortalecen y reproducen prácticas discriminatorias.

Las identidades de género en la modernidad se construyen en cauces paralelos: hombre ciudadano – mujer doméstica, hombre público – mujer privada, hombres individuos – mujeres idénticas. El espacio privado es condición de posibilidad del espacio público. Los hombres pueden ser individuos y ejercer la ciudadanía, precisamente porque tienen en común un espacio privado que los iguala, donde pueden actuar como monarcas, amos indiscutibles. Las mujeres, recluidas imaginariamente en el ámbito privado, conforman un colectivo de indiscernibles; las identidades construidas en la modernidad temprana remiten al ángel del hogar, cuya función es hacer de ese espacio un lugar adecuado para todos: remanso de paz y tranquilidad, espacio de crecimiento, refugio del exterior. Aquí se encuentran y articulan de manera asimétrica la privacidad masculina y la privación femenina.

Las mujeres han logrado avances sustanciales en el reconocimiento formal de sus derechos, el diseño y puesta en marcha de políticas públicas que incorporen sus necesidades, la supresión de preceptos sexistas, etc. A fines del siglo XX, empezó a abrirse paso la necesidad de crear un sistema internacional de protección de los derechos humanos. Paralelamente, las nuevas identidades reflejan la exigencia de desempeñar múltiples roles: madre, ama de casa, trabajadora, militante, etc. Esta nueva diversidad sigue siendo construida en un esquema de alteridad y a partir de una suerte de esencia común a todas las mujeres, que subraya determinadas cualidades que el imaginario social asocia con lo femenino.  

Finalmente, el feminismo crítico nos ha permitido comprender que el género no sólo construye individuos sino también instituciones, como el derecho, la familia, la religión, etc. Cualquier propuesta de modificación o adecuación que no tome en cuenta esta construcción, falla en su propósito y en el mejor de los casos gira en espiral sin llegar al fondo. Un nuevo paradigma de lo humano tiene que ser incluyente. El reto es conformar un nuevo sujeto incluyente de la dualidad humana. La única forma de dejar atrás la tarea de aumentar nuevos derechos a una lista generizada es, como dijera Simone de Beauvoir hace más de medio siglo, la afirmación de las mujeres como sujetos. Sólo entonces será posible hablar de sociedades igualitarias en donde el poder circule con más libertad.
Marta Torres Falcón.  Doctora en ciencias sociales con especialidad en mujeres y relaciones de género. Universidad Autónoma Metropolitana.
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http://zapateando2.wordpress.com/2009/02/06/el-concepto-de-igualdad-y-los-derechos-humanos-un-enfoque-de-genero/
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jueves, 1 de enero de 2015

El feminismo y el principio de igualdad IV/V



La teoría feminista ha criticado la exclusión de las mujeres tanto de los espacios de libertad e igualdad como de los criterios definitorios de humanidad. Denise Riley lo plantea con claridad: las mujeres han tenido que transitar de su condición de mujeres a la de seres humanos, para tener acceso a algunos derechos. Simone de Beauvoir, en una tónica semejante, señala que sólo hay dos categorías de personas: seres humanos y mujeres; cuando ellas demandan y exigen su humanidad, se las acusa de querer ser hombres.

La conformación de espacios sociales diferenciados por género, que anotamos en el inciso anterior, tiene múltiples consecuencias. Por una parte, las relaciones de las mujeres con el Estado suelen darse con intermediación de algún (os) hombre(s), comúnmente el padre y luego el marido; por otro, las políticas públicas dirigidas a las familias tienen como interlocutor al jefe del grupo. Nancy Fraser plantea que tales políticas están también generizadas; cuando se formulan en términos masculinos se dirigen al varón adulto de la casa, cuando se feminizan se dirigen a familias encabezadas por mujeres y por lo tanto consideradas defectuosas, incompletas, anómalas. Finalmente, los límites de la acción estatal suelen situarse en el espacio privado –asociado con la unidad doméstica y la familia- en una lógica cifrada en el respeto a esa pequeña comunidad de amor que tan fervientemente preconizaba el derecho romano y que, de manera no sorprendente, tiene un marcado carácter patriarcal. Así, el Estado delega en el jefe de familia, un varón adulto, las funciones de vigilancia y castigo sobre los -¡y las!- demás integrantes del grupo. De esta manera, las relaciones de poder se reproducen en el ámbito privado.

El feminismo, sea como corriente de pensamiento o como movimiento social, no es un cuerpo homogéneo. Existen diversas posturas en torno al principio de igualdad. El feminismo liberal ha sido partidario de la defensa de la igualdad en todos los ámbitos de la vida; su planteamiento podría resumirse de la siguiente manera: somos iguales y por lo tanto requerimos y demandamos derechos iguales. Sin duda alguna, la postura tiene un corte ilustrado y un potencial emancipador, pero pierde de vista el desequilibrio estructural de poder entre mujeres y hombres y se ve compelido a aceptar las consecuencias, muchas veces perversas, de la igualdad jurídica. Al buscar igualdad en el trato mediante reformas legislativas, se intenta tener acceso a un mundo ya constituido con ciertas normas y principios. Por ello la crítica más frecuente es que avalan esa forma patriarcal de organización social, que postula como universales nociones de individuo, ciudadanía y espacio público que en el fondo son masculinas.

Las feministas culturales apuestan por la diferencia. El planteamiento es: “somos diferentes y demandamos derechos diferentes”. Esta postura tiene el mérito de desenmascarar el carácter patriarcal del derecho y sus instituciones, pero entraña el riesgo de que los derechos de las mujeres queden marginados o, peor aún, esencializados. Desde esta óptica se propone recuperar el valor de las virtudes femeninas como forjadoras de ciudadanía, empezando con el tributo a la maternidad; Carol Gilligan opone una “ética del cuidado”, que rotula como feminista, a la “ética de justicia”, que considera  masculina y liberal. Así, las culturalistas centran sus esfuerzos en la defensa de los derechos reproductivos, el cuidado de los hijos e incluso la remuneración del trabajo doméstico. El punto más controvertido es que, al reconocer tales derechos, se asume también que las actividades correlativas corresponden exclusivamente a las mujeres. Si el cuidado de los hijos, por ejemplo, se considera una responsabilidad tanto de la madre como del padre, ellos también podrían obtener guarderías y la familia en conjunto recibiría los beneficios. Si el Estado remunera el trabajo doméstico, se refuerza la separación de espacios y se multiplican los daños que ha causado la brecha entre lo público y lo privado; si es el marido quien tiene que pagar un salario a la esposa, se fortalece una relación de poder basada en la asimetría.

Como parte del feminismo cultural o de la diferencia, las corrientes maternalistas, ecofeministas y del cuidado intentan rescatar una noción de mujer generalizable o por lo menos unificadora. De manera no sorprendente, fallan en su propósito, porque no existe una esencia común a ningún grupo humano. No es posible hablar de “la mujer” como si se tratara de una identidad homogénea. Apostar por la diferencia es una trampa que se estrella con una realidad en la que el cuidado de los hijos, la preocupación por la familia, la propensión a la intimidad y el compromiso no son valoradas; exaltarlas de manera unilateral –o sea hacer de la necesidad virtud- no conduce a un mayor reconocimiento ni tampoco queda muy claro que tal reconocimiento sea deseable.

Iris Young propone una “ciudadanía diferenciada”, lo que implica una repolitización de la vida pública con mecanismos de representación y reconocimiento de voces que hasta ahora han sido inaudibles por minoritarias (cuantitativa o cualitativamente). El problema sigue siendo la noción esencialista de grupo, como si se tratara de identidades ya constituidas.

  En el lado opuesto del espectro, el feminismo radical busca la transformación del mundo masculino y enfrenta el problema de la definición de estrategias. Entre sus exponentes en el ámbito jurídico, Catharine Mackinnon critica la búsqueda de las liberales de un “trato igual”, así como la de las culturalistas de “un trato diferente” porque el criterio y punto de referencia es siempre masculino. Para esta autora, el derecho ha mantenido a las mujeres “afuera y abajo” al preservar un sistema jerarquizado por género. Su propuesta es expandir el ámbito del derecho y modificar sustancialmente la regulación de las relaciones intergenéricas.

Finalmente, en debate con las propuestas brevemente reseñadas, Chantal Mouffe considera que la identidad política debe ser construída con base en la articulación de relaciones, prácticas e instituciones igualitarias, donde la diferencia sexual sea totalmente irrelevante, precisamente para evitar esencialismos.

Como puede verse, las diversas corrientes de la teoría feminita han hecho aportaciones importantes y críticas sostenidas al principio de igualdad como baluarte de los derechos humanos. En su aspecto de movimiento social, el feminismo militante ha emprendido numerosas batallas por conquistar derechos, es decir, por acortar la brecha que señalaba Dense Riley entre la condición de mujeres y la de seres humanos.

En 1948 se emite la Declaración Universal de los Derechos Humanos (por primera vez se usa un vocablo incluyente en sustitución de “Derechos del Hombre”) y se dan las primeras acciones en materia de protección. Los años 50 y 60 registraron una prolífica producción de instrumentos internacionales para condenar múltiples transgresiones y a la vez desarrollar mecanismos de garantía y exigibilidad de los derechos humanos. Se hablaba de tratos crueles y degradantes, desapariciones, encarcelamientos, ejecuciones; todo ello, se subrayaba, atentaba contra la dignidad del hombre. Rescatar la especificidad del género (por ejemplo, la violencia sexual como arma de terror) era una tarea que poco importaba a los artífices del nuevo derecho internacional y que tuvieron que llevar a cabo las mujeres organizadas. El viaje se sabía largo y el camino tortuoso. Los procesos de dominación expropian la condición humana de las minorías.

Desde el feminismo se ha denunciado la opresión, la explotación y el sufrimiento de las mujeres del mundo. Una tarea importante ha sido desmantelar el discurso que les niega la voz aunque eventualmente les conceda el voto, que descalifica su razón (y por supuesto sus razones), niega sus conocimientos y las excluye de los saberes valorados. Al dejar a las mujeres sin razón, sin discurso y sin poder para desmontar la discriminación y la violencia, se interpreta el daño como si no lo fuera, se tergiversan causas y motivos, se niegan las consecuencias y se manipula la ideología de la igualdad, que permea el edificio conceptual de los derechos humanos.

El medio siglo vio generalizarse el sufragio femenino y abrió nuevas vetas para la reflexión y el debate: derechos civiles, prestaciones laborales, incorporación de algunas necesidades de las mujeres en la legislación, etc. Se da un proceso de homologación de normas jurídicas para erradicar preceptos discriminatorios, pero sigue subrayándose la separación de espacios; por ejemplo, se habla de madres trabajadoras y no de trabajadoras con hijos. El imaginario social no puede sostener ya a la mujer doméstica como tal, pero enfatiza una suerte de esencia: un modo de ser, una peculiaridad, algo más bien indefinible común a todas las mujeres precisamente por ser mujeres. Así, se afirma que las mujeres agregan un “toque femenino” a la política, a la organización de las empresas, a los negocios o a la administración pública. Ese “toque femenino” implica las cualidades socialmente atribuidas y ensalzadas en las mujeres: bondad, paciencia, dulzura, frivolidad, abnegación, sacrificio, benevolencia, comprensión. Todo ello sirve para complementar –desde luego en forma secundaria y prescindible- las virtudes masculinas: inteligencia, rigor, energía, decisión, fuerza.

En pocas palabras, la nueva imagen intenta conciliar las nociones de mujer y de individuo; se reconocen los nuevos roles pero se subraya la alteridad. La figura de la madre se fortalece, aunque ya no se considera la única opción; al ensalzar las virtudes de las mujeres, se pone en marcha una lógica perversa que oculta o por lo menos diluye la opresión. La asociación con la domesticidad se vuelve cada vez más complicada y los referentes identitarios empiezan a diversificarse en un proceso lleno de altibajos y contradicciones. Es necesario incorporar los nuevos roles sociales desempeñados por las mujeres en la construcción del imaginario social y la tarea no es precisamente sencilla. La identidad femenina se construye ahora en torno a múltiples exigencias. Las mujeres contemporáneas deben ser capaces de cumplir con una serie, siempre en aumento, de imperativos sociales: madre ejemplar, esposa eficiente, trabajadora responsable, profesionista exitosa, amante sensual, proveedora económica confiable y generosa, anfitriona insuperable, sostén emocional… y un etcétera interminable, en el que por cierto no aparece el carácter de individuo.

Los gobiernos y los organismos internacionales en términos retóricos reconocen y ensalzan la igualdad, pero incluso en el discurso la cuestión está acotada a ciertos temas, como el sufragio universal o la educación básica. Al introducir el debate de género e intentar que la atención se centre en las condiciones de vida de las mujeres, las respuestas oscilan entre la evasión y el rechazo. Así, la discriminación sexual se considera trivial, “natural” y por lo tanto inevitable, el abuso y la violencia se ven como parte de tradiciones culturales que operan como una barrera a los derechos humanos o, en el mejor de los casos, como hechos lamentables que tendrían que desaparecer, pero que están tan extendidos que cualquier intento de erradicarlos implica un desperdicio de energía. Finalmente, se habla de los derechos humanos de las mujeres como una buena bandera para diversas actividades, pero se subraya que no son derechos humanos per se.

Los reclamos de autonomía de las mujeres siguen viéndose como amenaza para regímenes patriarcales, formas de organización social y comunitaria basadas en la desigualdad genérica e incluso para la integridad subjetiva de muchos hombres. Por ello en la modernidad reflexiva reaparecen viejos fundamentalismos, castigos ejemplares a mujeres que transgreden anquilosadas normatividades culturales y nuevas prácticas de sometimiento y sujeción. El camino hacia la igualdad parece ser un laberinto rizomático.
Marta Torres Falcón.  Doctora en ciencias sociales con especialidad en mujeres y relaciones de género. Universidad Autónoma Metropolitana.

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martes, 30 de diciembre de 2014

Identidades de género en la modernidad: hombre ciudadano, mujer doméstica III/V




Una crítica feminista a la teoría contractualista clásica es la de Carole Pateman. Según esta autora, la exclusión de las mujeres de la categoría de individuo se remonta al estado de naturaleza y persiste en el estado civil; hay un contrato sexual anterior al contrato social, por medio del cual se establecen reglas de acceso carnal a las mujeres, que sirven a su vez para afianzar la condición de igualdad y fraternidad entre los hombres (Pateman, 1992). El análisis de Pateman se sustenta en los hallazgos de Claude Lévi – Strauss y la postura de Sigmund Freud. En Las estructuras elementales del parentesco, Lévi – Strauss plantea que una vez que las comunidades han pasado de lo crudo a lo cocido (es decir, han descubierto el fuego, la preparación de alimentos y la vida sedentaria con su organización social), es posible advertir la universalidad de la prohibición del incesto. Los hombres deben buscar mujeres en otras comunidades, fuera de la familia y lejos de los vínculos de consanguinidad. En Tótem y tabú , Freud aborda los nexos de sangre y cultura que unen a las personas agrupadas en torno a un tótem, símbolo de identidad y pertenencia; en virtud de tales nexos, el tabú del incesto se arraiga mediante la representación totémica.

En su lectura, Pateman coloca un lente de género sobre los textos y formula las siguientes preguntas: ¿Quiénes establecen las reglas operativas del tabú del incesto? Si los hombres tienen el imperativo de buscar mujeres en otros lugares, ¿existe el mandato correlativo para las mujeres? ¿Pueden ellas tomar la iniciativa de buscar hombres con otra sangre y otro tótem? Las respuestas son claras: los hombres acuerdan, entre ellos, las reglas de apropiación de las mujeres, que son así definidas como objeto de intercambio. El pacto se realiza entre varones, que son quienes después actúan como individuos.

Además, ese contrato sexual establece una separación tajante entre los espacios sociales. Cuando los hombres se apropian de una mujer que los atiende, satisface sus necesidades personales y les da fidelidad, se está construyendo un espacio privado en donde la autoridad masculina no se discute. Éste es un aspecto central del análisis de Pateman: la conformación de la dicotomía privado / público y su consecuente asignación a sujetos determinados. El feminismo crítico ha cuestionado las lógicas que operan en cada uno de estos espacios y los divergentes criterios de legitimidad. El principio de igualdad, de origen ilustrado, reconoce las diferencias como un necesario punto de partida, pero rechaza las desigualdades, el autoritarismo en todas sus formas y la dominación arbitraria. Por ello coloca en el centro la razón y señala que todos deben obedecer ese conjunto de principios, leyes e instituciones racionales.

Este planteamiento, de manera no sorprendente, está atravesado por el género. Todos los hombres se definen como iguales en la medida en que todos participan de ciertas pautas facilitadoras del ejercicio del poder. Los varones se definen como tales en un proceso que Célia Amorós (1990) denomina de “tensión referencial” a otros hombres. A partir del concepto de Sartre sobre grupos serializados, en los que las relaciones entre sus integrantes se dan por un condicionamiento externo a cada uno de ellos, la autora describe la autopercepción de los varones como un juego especular: “¡Soy hombre porque soy como ellos!” y que continúa reiteradamente hasta el infinito. La virilidad se produce como imagen alterada y alineada de cada cual a través de todos los otros y se valora porque implica alguna forma de poder, al menos “de poder estar del lado de los que pueden” (1990: 3-4). Para ser individuos, los hombres necesitan afianzar el límite con respecto al otro por excelencia: el colectivo de mujeres. En la modernidad hay igualdad entre los varones para acceder al genérico de mujeres; el contrato sexual se reformula y actualiza.

Los hombres acceden al espacio público, en tanto las mujeres son recluidas –imaginariamente- en el privado. Hay una clara correspondencia entre la definición de tales espacios y su asignación generizada. Hombre público significa ciudadano, trabajador, padre proveedor. Mujer privada significa ama de casa, ángel del hogar, carente de derechos. En la construcción de las identidades de género, se promueve un modelo de masculinidad que encarna los valores ciudadanos: la valentía, el arrojo, el ánimo combativo, la disposición a morir y matar por la patria, junto con la habilidad para participar en el debate político, defender una postura con argumentos claros y racionales, ejercer alguna función pública. Estas dos vertientes de la ciudadanía –soldado aguerrido y orador entusiasta- corresponden a virtudes definidas y encomiadas como masculinas. Para ellos, el espacio privado es de privacidad, intimidad, tranquilidad y paz. Es un espacio propio de un individuo.

Para ese mismo imaginario, las mujeres permanecen en la casa, ajenas al trabajo –la esfera doméstica deja de ser unidad productiva y ninguna de las actividades realizadas en su interior merece el apelativo de trabajo-, a la ciudadanía y a la actividad política. El espacio privado, para las mujeres, es de privación, sometimiento, marginación y aun violencia. Todo ello, además, cubierto de un manto a veces imperceptible de naturalidad. Los hombres son individuos iguales entre sí, en tanto que las mujeres son indiscernibles, idénticas (Serret, 2004).

El fenómeno requiere una mirada cuidadosa. No es que existan dos espacios con funciones claramente diferenciadas, sino que el ámbito público, donde se lleva a cabo el ejercicio de la ciudadanía, descansa en una construcción determinada del espacio privado. En otras palabras, los hombres pueden acudir al espacio público como iguales –“equipotentes”, diría Célia Amorós- porque todos ellos tienen un espacio privado que les da ese sostén.

La dicotomía público / privado es engañosa. Si bien la esfera doméstica se considera femenina, la posición que los hombres ocupan ahí, más que en cualquier otro espacio, es la de amos indiscutibles. Es un sitio privilegiado de dominio masculino; el más vapuleado de los trabajadores, lo mismo que el empresario más prominente, al término de la jornada tiene un espacio de control y poder socialmente legitimado y reconocido. El principio de individuación es exclusivo de los espacios públicos, donde las relaciones se dan entre iguales, en contraste con el espacio privado, que acaba siendo de indiscernibilidad.

El espacio público es el de las miradas y por lo tanto el reconocimiento de los otros; es un espacio de competencia en la realización de actividades valoradas. En síntesis, es un espacio de individuación en el que los protagonistas pueden celebrar pactos entre iguales. Todos son sujetos de poder.

En contraste, el espacio privado es el de las idénticas. No hay miradas ni reconocimiento; no hay competencia ni actividades valoradas. No hay nada que repartir en la privacidad. Por eso es común que las mujeres sean referidas en colectivos: las once mil vírgenes, la muchedumbre, el mujerío.

Las asimetrías de poder, las jerarquías y otras expresiones de desigualdad presentes en el espacio privado contradicen claramente las pretensiones de universalidad del discurso ilustrado, liberador y emancipatorio. La marca de género pervive. El espacio público se define como un lugar de iguales –varones iguales-, producto del sometimiento de todas las mujeres.

  En síntesis, las identidades de género que construye la modernidad corren en paralelo. La mujer doméstica es la contrapartida necesaria para el hombre público. ¿Cómo entender entonces los alcances reales de los derechos humanos, si la misma definición resulta excluyente? ¿Cómo reformular el principio de igualdad para que realmente refleje la composición bigenérica de la humanidad?

Marta Torres Falcón.  Doctora en ciencias sociales con especialidad en mujeres y relaciones de género. Universidad Autónoma Metropolitana.
http://zapateando2.wordpress.com/2009/02/06/el-concepto-de-igualdad-y-los-derechos-humanos-un-enfoque-de-genero/
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domingo, 28 de diciembre de 2014

La noción de igualdad en la teoría de los derechos humanos II/V



El concepto de igualdad es indiscernible de los derechos humanos. Es el principio que les da sustancia y razón de ser. La piedra angular es precisamente la idea de igualdad, de cuño moderno. Los derechos humanos son producto del pensamiento ilustrado y por lo tanto del primado de la razón. En las sociedades tradicionales hay un orden jerárquico que se hace derivar de la naturaleza (las cosas son como son y no hay manera de cambiarlas), del destino (así ha sido y así será siempre) o de mandatos divinos (es la voluntad de dios). Todo tiene un lugar en un orden social y político que se considera externo a cada persona; los privilegios de unos cuantos y la correlativa subordinación de otros se originan en el nacimiento y son inmutables.

El orden tradicional es estático y se pretende inmodificable. Las jerarquías y cualquier forma de organización asimétrica se toma como algo inevitable. Y así, en ese transcurrir de evidencias, no hay dudas ni cuestionamientos. Todo tiene un lugar específico y por lo tanto inamovible. Con el advenimiento de la modernidad, emergen nuevas mentalidades en franca oposición con las tradicionales. En el siglo XVIII –justamente llamado el siglo de las luces- aparecen nuevos valores que configuran un orden social y político totalmente diferente. En el centro del proyecto ilustrado está la primacía de la razón, con diversas consecuencias en los ámbitos filosófico, jurídico y político.

¿Qué significa la afirmación de que los seres humanos están dotados de razón? Para empezar, si todos tienen ese atributo –principio de universalidad- significa que por lo menos en eso son iguales. Se trata de una cualidad en común que resulta fundamental en la conformación del nuevo orden. Así, la racionalidad viene a sustituir, en el imaginario social, las jerarquías derivadas de rangos aristocráticos, posiciones políticas o de gobierno, apellidos de alcurnia y cualquier otra, antes incuestionables.

La mentalidad moderna, cifrada en el ejercicio de la razón como instrumento liberador –la valentía de usar la propia inteligencia- es por definición progresista e igualitaria. Ahora todo se cuestiona, todo es susceptible de opinión, crítica y desde luego transformación. Si en las sociedades tradicionales se hablaba de las obligaciones de los súbditos –entre las que destaca la lealtad a la corona, es decir, al rey como persona y a la monarquía como institución- en las modernas se enfatizan los derechos de los ciudadanos, universales e indivisibles. Ambos aspectos están estrechamente ligados a la noción de igualdad. La universalidad deriva de la propia condición humana: toda persona, por el solo hecho de serlo, posee una serie de prerrogativas fundamentales. La indivisibilidad implica que todas esas prerrogativas son necesarias para una vida digna y que por lo tanto no es válido señalar jerarquías ni plazos. Para decirlo coloquialmente, universalidad e indivisibilidad significan que todas las personas deben disfrutar todos los derechos.

Para dar eficacia a la nueva noción de individuo (racional, autónomo, libre) y hacer posible el uso real de las prerrogativas que le confiere su nueva condición, se construyen el Estado y el Derecho modernos, es decir, las instituciones y la correspondiente regulación jurídica. El modelo del contrato social constituye una propuesta teórica -solución hipotética- para justificar el tránsito del estado natural al estado civil. El contrato es racional por definición. Los principales contractualistas, Thomas Hobbes, John Locke y Juan Jacobo Rousseau, coinciden en que el pacto social se celebra entre personas racionales, libres e iguales, y que genera un estado civil que se sitúa por encima de cada individuo. En aras de la armonía y la seguridad, los individuos deciden unirse para tener colectivamente el derecho que cada uno tenía sobre todas las cosas.

Con el contrato social se preserva el rasgo definitorio de lo humano (la racionalidad) y se generan vínculos de solidaridad. En este proceso es fundamental la voluntad; el acto mismo de suscribir un contrato –aunque la firma sea imaginaria- implica necesariamente que existe consentimiento. El contrato social congrega entonces múltiples voluntades que se expresan como actos racionales. La voluntad general emergente es superior a las voluntades individuales que le dieron origen.

El jurista italiano Eligio Resta (1995) afirma que la constitución misma del estado civil lleva consigo la renuncia –individual pero de todos- a la propia violencia: esa violencia originaria, indiscriminada, que hace imposible la vida en sociedad. Por ello hay que depositarla en una entidad abstracta –el Estado- que se coloca por encima de los individuos. Ya Rousseau había afirmado que si todos ceden todo es como si nadie cediera nada; todos ceden su libertad natural y ganan –todos- la libertad civil.

Al confiar en las instituciones se proscribe la venganza privada. Es el pacto de todos para interrumpir la violencia de todos. Se trata claramente de una abstracción, un artificio racional para establecer que por lo menos una vez existió consenso entre los hombres –las mujeres, como veremos enseguida, no participan de ese pacto- para que ese poder común controlara la violencia, ya no por azar sino por ley. El uso legítimo de la fuerza física se presenta como la respuesta racional a la venganza, a través de su neutralización y posterior incorporación. El derecho opone una violencia regulada, establecida, limitada; ofrece sustituir el azar por la regularidad, la esperanza por la certeza.

 El Estado moderno se arroga, en exclusiva, la potestad de sancionar ciertas conductas y para ello crea espacios ad hoc, de índole judicial. La única violencia legítima es la que deriva del Estado y que se impone en forma de coerción; por eso ya no se le llama venganza sino justicia y se ejerce, presumiblemente, de conformidad con ciertas normas. Nadie es juez y parte. La fuerza no hace derecho. La legalidad es ese límite entre azar y regularidad, entre la esperanza y la certeza. Este proceso, que tiende a reducir la violencia lo más posible y ofrecer garantías de convivencia armónica y pacífica, es un aspecto medular del Estado moderno, garante de los derechos fundamentales.

En síntesis, para afianzar las relaciones de solidaridad, los hombres deciden –de una manera totalmente racional – suscribir un contrato social. Otorgan su voluntad, renuncian a esa violencia originaria, indiscriminada y amenazante que daría lugar a la venganza privada, construyen el Estado y el derecho modernos y, en suma, sientan las bases para una convivencia armónica, certera, ordenada. A todo este aparato conceptual subyace la noción de igualdad. El pacto sólo puede celebrarse entre iguales; las reglas de convivencia, la elaboración de un catálogo de conductas antisociales, la conformación de un aparato judicial, el funcionamiento de las nuevas instituciones son aspectos diversos del contrato entre iguales, ciudadanos racionales que ejercen su capacidad de decisión.

La idea de igualdad está siempre relacionada con la justicia. Se reconoce al otro como igual, es decir, merecedor del mismo trato que cada individuo considera merecer. Toda persona es igualmente digna que las otras y por lo tanto debe tener los mismos derechos frente al Estado. Aquí aparece una noción de justicia que corre en paralelo con el principio de igualdad.

Para considerar que un sistema es justo, es necesario que exista un reconocimiento –por lo menos en el plano formal- de que todas las personas gozan ciertas libertades básicas que son compatibles con un sistema de libertad para todos. Esto significa que cada individuo debe tener la posibilidad de ejercer esas libertades –la amplitud del espectro ha sido una tarea continua e interminable- sin que exista menoscabo, daño o impedimento. Paralelamente, ese ejercicio debe respetar las esferas de libertad de los otros individuos. Este planteamiento, que recoge claramente el principio de igualdad, se aprecia en la primera generación de derechos humanos, que son las garantías individuales de índole civil y política.

Al abordar las desigualdades sociales y económicas, el principio de igualdad se formula como condición y oportunidad. Esto quiere  decir que todos los individuos deben estar en condiciones tales que efectivamente puedan tener acceso a las mismas oportunidades. Esta noción permea la definición de los derechos económicos y sociales, también llamados de segunda generación. El telón de fondo es la justicia social.

Una vez que hemos llegado a este punto, la pregunta es qué lugar ocupan las mujeres en esta construcción teórica. Diversos análisis han señalado la exclusión de las mujeres del pacto fundacional de la soberanía, derivada de las contradicciones e inconsecuencias de los contractualistas, que aplican un criterio moderno para analizar las relaciones sociales entre varones, a la vez que recurren a argumentos tradicionales para explicar las relaciones sociales (familiares, de pareja, comunitarias) donde intervienen las mujeres. Así, las tesis contractualistas tienen en común que definen a las mujeres como seres incapaces de decidir, sea porque ceden al marido el poder que tienen sobre los hijos (Hobbes), porque deben someterse a la fuerza masculina (Locke), o porque son seres presociales (Rousseau). No están incluidas en el pacto social porque, en pocas palabras, no se les reconoce racionalidad (Serret, 2002).

Las mujeres son humanas, pero no ostentan la categoría de sujetos autónomos porque se duda de su capacidad de discernimiento. El hombre encarna la razón; la mujer sigue asociada con una noción de naturaleza que la aleja del rasgo definitorio de la especie. Como veremos en el siguiente inciso, esta construcción identitaria se fortalece con la división de espacios sociales que se produce en la modernidad.
Marta Torres Falcón.  Doctora en ciencias sociales con especialidad en mujeres y relaciones de género. Universidad Autónoma Metropolitana.
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