Acerca de nosotras ·

lunes, 24 de noviembre de 2014

Me nombro Gloria, todas somos Glorias



No tenía opción, era el único transporte…

Mujer de 32 años, obrera de una plantación de verduras de exportación, no tiene afiliación a la seguridad social. Esta separada de su esposo, tiene tres hijos y vive “arrimada” en la casa de su hermana soltera sin hijos. Cree en dios, es católica, y no pertenece a ningún partido político y/o organización o movimiento. Fue violada cuando usó una camioneta que realiza transporte a su barrio que todavía no tiene cerca el transporte público. El violador luego la quiso matar, pero ella lucho y le suplicó que le perdone la vida.

Zaida Betancourt*


Despierto de esta pesadilla, me repito mentalmente “no tenía opción, era el único transporte… no tenía opción era el único transporte…” y de pronto me digo: también tengo que explicar el carro que tomo para sobrevivir mi vida. Y quien me explica a mi, la mía, quien rinde cuentas de las ausencias y falencias que enfrentó cotidianamente.
¿Quien repara el último daño que sufrí?, esta vejación que desdibuja mi cuerpo, mi primer territorio, que quiere llenar de maleza, mi interior, mi alma y quiere dejarme signada, violada. La profundidad de mi ser se remueve como intentando dar un grito y decir ¡basta ¡
¿Será que esto tiene que ver con los derechos? , con esa nueva constitución que armaron en el 2008, cuya bulla no alcanza a mi cuerpo. Parece que los derechos, la constitución y todo el alboroto se relaciona con mi vida, no solo con las falencias, sino con la posibilidad de sentirme persona, con el derecho a tener derechos, de participar dice la María, de reunirnos para construir una sociedad mas justa. Sociedad justa¡¡ esto pide mis entrañas, justicia¡¡
No se, pero nunca me han gustado esas reuniones de mujeres, nunca he participado en ninguna de ellas, eso sí, nunca falto a la misa del domingo y ahí el cura decía que esta constitución es inmoral, abortiva, que quiere destruir la familia y otras cosas…
Ahora, intento desde mi remolino afectivo, mental y espiritual; recorrer mi vida hasta este punto. ¿Cómo llegue aquí?
Cumplí 32 años, todavía recuerdo la farra a propósito de que el Pepe, vine a Quito. Lo feo fue cuando llegue a la casa de mi hermana, en donde vivo; y sus reproches por mi salida.

En el trabajo no me va mal, fumigo en la plantación de verduras que luego mandan a Italia dicen; pero no tengo afiliación y tengo susto reclamar, porque si pierdo mi trabajo que me hago con mi hija. Seguro que mi hermana me bota de la casa ¡¡
Mi monótona vida resumida, vivo en la casa de mi hermana -“arrimada” me grita ella cada vez que se enoja-, desde que me separe de mi marido y se fue a trabajar en el oriente, y voy del trabajo a la casa y de la casa al trabajo. Mi jornal diario para sacarle adelante a mi hija, para que pueda estudiar y tenga mejor vida que la mía.
Hasta que me violaron ¡¡
Regresaba del trabajo en una camioneta, porque no hay buses donde vivo. Todos se bajaron y me quedé sola con chofer, quien se desvío del camino y en un lugar solitario me violó y hasta me quiso matar. Le rogué que no me mate, que tengo hijos, le supliqué y me dejó hecha una lástima, porque me pegó. Cuando me vieron así, en mi casa me preguntaron ¿qué pasó? Mi hijita se asustó. Les conté. Mi hermana me acompañó a poner la denuncia en la fiscalía y luego me vio el médico en la Morgue de la policía y sólo me dieron un papel para la denuncia. Dicen que hay una pastilla, ni se como le llaman, la PAE o la del día después, esa pastilla evita que una se quede encinta; pero no me dieron. Esta pastilla disque esta en la constitución, Cómo también será? A mi no me dieron.
Tenía miedo de encontrarme con ese tipo (violador), de que le haga algo a mi hija o a mi familia. Miedo de quedarme embarazada y de que mi marido se entere, estábamos “poniéndonos de a buenas”, él quiere que me vaya al oriente, pero a mi no me gusta. Mi mala suerte, pensé. Me quedé encinta. Lloré mucho, no quería comer, no le atendía a mi hija. Le dije a mi hermana que no quería este hijo, que es de violación y ella me dijo que si me “sacaba” la guagua, me mandaba de la casa, que eso es pecado. Ella no tiene hijos, y podía cuidarlo; pero como iba a tenerlo y luego regalarlo. Eso, no puedo¡¡
Yo estaba muy mal. Sentía que no podía “sacarme”, que estaba mal, pero al mismo tiempo,tenía muchas iras. ¿Cómo iba a mantener otro hijo?, y ahora que estaba volviendo con mi marido. No quería
¡No quería tener otro hijo y peor de violación. Ese hombre me obligó y casi me mata. ¿Por qué tenía que tener un hijo así? No era justo, era terrible y decidí abortar aunque sentía remordimiento y pena.
Fui con una primera doctora, me cobró 150 dólares y me dio dos tabletas -una para que me tome y otra para que me ponga en la vagina -; pero no sentí nada y encima me maltrato, me dijo que no se hacía responsable, que si no me hizo efecto que ella no tenía la culpa. Me quedé endeudada y no me sirvió de nada.
Pasaba el tiempo y no sabia que hacer, tenía unos estragos horribles. Luego fui a otra dirección y si me atendieron me oyeron todo lo que tenía adentro, lloré mucho y me tuvieron paciencia. Allí sí me ayudaron. Recuerdo que fue un lugar bonito y limpio. Ellas me dijeron que un aborto no es malo, que malo era seguir con algo que no quería, y que me apoyarían en cualquier decisión mía.
Sentí algo extraño a mí, me respetaban, me entendían y mi valor no era lo que podía pagar. ¿Será esto el derecho? Me sentí grata.
Cuando me dieron las pastillas y empecé a sangrar, una sensación de alivio y tranquilidad recorrió mi cuerpo. Era como soltar algo contenido, tal fue así que hasta el cólico toleré, tomaba otra fuerza y hasta me daba alegría sentir el dolor, porque me daba miedo que no me haga efecto. Lo peor fue pensar que no me iba hacer efecto la pastilla y que tenía que seguir embarazada.
Cuando terminaron de limpiarme, me dieron una taza de te caliente, me arroparon y me dejaron descansar. Ahora mi cuerpo se llenaba de mi propio calor. No podía creer, ya no tenía el problema, y era como si por primera vez mi cuerpo estaba ocupado por mi misma. De pronto, ya no tuve más miedo. Que me importa, me dije, estoy libre de nuevo, y le llamé a mi marido, le conté, pero me fue mal… no me creyó¡¡
No me arrepiento de nada, menos de haber abortado. Estoy agradecida de haber encontrado una ayuda, pienso que tuve suerte.
Al final de este relato, algo ha pasado en mi, siento que no soy la misma, y me atrevo a pensar otras cosas, que antes ni me imaginaba. Es como ese famoso foro que dicen que es mundial, otro mundo es posible. Construyo para mí, con todas las Glorias ese otro mundo posible, porque:
Ha sido bueno juntarme con mujeres que igual que yo fueron violadas y se quedaron embarazadas y sabemos profundamente que no fue nuestra culpa, y ya no nos queremos quedar signadas con el signo de la violación. Sé, que hubiera sido distinto, si siquiera me hubieran ofrecido la Píldora de Anticoncepción de Emergencia, no hubiera llevada en mi cuerpo un fruto no deseado. Que tal que el cura de mi barrio, en vez de decir que la constitución es abortiva, nos haya dicho que la PAE
hay que tomarse en caso de relaciones inseguras¡¡
Creo que el aborto no es malo, me parece que es un derecho pues a mi me alivio mi dolor y mis problemas. El aborto debe ser legal, para que las mujeres no caigamos con falsos profesionales que nos engañan y se roban nuestro dinero¡¡
Espero que el cura de mi barrio, se movilice para sancionarle al violador ¡¡ pero que va, como se va esperar esto, si la iglesia esta metida en algunos líos de curas corruptos y además sus consejos no tienen nada que ver con la realidad¡¡
Todavía tengo la esperanza que la justicia, establezca acciones para apresarle al violador. Porqué será tan difícil si es un hombre público y conocido. Ya no me importa que mi marido me crea o no me crea. Mi cuerpo es mío,solo mío y no le pertenece a nadie más, ni a mi marido, peor al violador, ni a mi hermana. Nunca mas mi cuerpo será de alguien que quiera ocupar mi territorio y decirme como hacer y actuar¡¡
Seguiré trabajando, cuidando a mis hijos-as, pero de pronto me surgen las ganas de estudiar. Sí voy a estudiar,será que puedo ser abogada para enseñarles a las mujeres de los derechos de nuestro cuerpo, para enseñarle a mi hija. Estoy convencida ahora¡¡ No estoy sola¡¡ Habemos muchas Glorias buscando, encontrándonos y ayudándonos en nuestros caminos de libertad y igualdad.
Debemos gritar nuestras verdades aunque sean dolorosas. Ahora sé. Mi cuerpo sabe. Todas tenemos derechos. El primero soñar que otro mundo es posible para nosotras las mujeres¡¡


*Médica, salubrista, feminista, activista por los derechos humanos de las mujeres. Actual
coordinadora de ALAMES-Ecuador e integrante del Consejo Directivo de la RSMLC
Leer más...

domingo, 23 de noviembre de 2014

Primeiro Ministro de Portugal: Exigimos serviços especializados para sobreviventes de violência sexual




Os resultados do inquérito aplicado pela Agência Fundamental para os Direitos da União Europeia [FRA, Violence against women survey, 2012] estimam que 3,7 milhões de mulheres na EU foram vítimas de violência sexual em 2011. Para Portugal seriam 41.542 mulheres e raparigas que, em 2011, teriam ter sido vítimas de violência sexual por parceiros e não parceiros.
Nos últimos 14 anos foram registados em Portugal (INE), pelas autoridades policiais, 5.088 crimes de violação, o que corresponde a uma média de 391 violações por ano, 33 violações por mês - isto é, 1 violação por dia.
A violação é internacionalmente reconhecida como uma das formas mais devastadoras de violência baseada no género e um atentado à integridade física, psicológica e sexual de raparigas e de mulheres e uma violação dos seus direitos humanos. A verdade é que esta continua a ser considerada um tabu e permanece envolta em silêncio. A grande maioria dos crimes sexuais contra mulheres não é revelada e a violência sexual continua subestimada (EIGE 2013).

IndignAção!
A Convenção do Conselho da Europa para a Prevenção e o Combate à Violência contra as Mulheres e a Violência Doméstica vincula Portugal a disponibilizar apoio às vítimas de violência sexual, nomeadamente a “adotar as medidas legislativas ou outras que se revelem necessárias à criação de centros de crise adequados, de acesso fácil e em número suficiente” (Artigo 25.º).
Exige:
Um Centro Especializado no apoio a Sobreviventes de Violação por cada 200.000 mulheres (requisitos mínimos do CoE); A observância das convenções e tratados internacionais ratificados pelo Estado Português por parte de parlamentares, decisores/as políticos/as e governos que garantam o cabal cumprimento dos direitos humanos das mulheres; A definição de procedimentos de intervenção em casos de violação e de violência sexual contra as mulheres e jovens (raparigas e rapazes), em rede, para que, em tempo útil, de forma integrada e coerente, se protejam as mulheres, jovens e crianças; A responsabilização dos agressores; Formação específica dirigida a profissionais da justiça, forças de segurança, saúde e apoio social centrada no apoio especializado a vítimas e no combate aos estereótipos relativos à violência sexual; A definição e implementação de estratégias, eficazes e sustentáveis, de prevenção dirigida a diferentes grupos (desde campanhas de sensibilização dirigidas ao público em geral, a programas educativos dirigidos a crianças e jovens nas escolas, linhas de orientação para os media, etc.); Um maior conhecimento (estatísticas e estudos) sobre a violência sexual e a violação em Portugal. Só conhecendo se consegue intervir adequadamente.
INDIGNAÇÃO
contra a Violência Sexual
Se estas são também as tuas exigências, indigna-te agindo
ASSINA ESTA PETIÇÃO!

http://www.avaaz.org/en/petition/Primeiro_Ministro_de_Portugal_Exigimos_servicos_especializados_para_sobreviventes_de_violencia_sexual/?tfzHobb
Leer más...

sábado, 22 de noviembre de 2014

Patricia

La realidad del aborto en el Ecuador es cotidiana, los casos están allí, esperando ser conocidos en una suerte de revictimización para las mujeres que los cuentan, pero que en todo caso sirve para sensibilizar y no olvidar. 


A continuación un  testimonio real, vigente y revelador de la situación ecuatoriana:

“-No abuelito, no otra vez, me haga eso…
Patricia era una niña de 14 años, de pronto dejó de hablar y sus tías no pudieron arrancarle una palabra. Sospecharon que estaba embarazada, pues había dejado de menstruar.
Sus tías, se habían hecho cargo de esta niña y de sus dos hermanos, sus padres estaban en España.
Patricia estaba embarazada y había que hacer algo. Le hicieron un aborto en un sitio clandestino, y al despertar de la anestesia general que le pusieron, dijo: No abuelito, no otra vez, no me haga eso, quiero a mi mami, quiero a mi mami…”
La crueldad de la migración ha dejado sin protección a miles de niñas/os y adolescentes que quedaron en manos de familiares, vecinos, etc., que en muchas ocasiones no los respetaron y abusaron de ellas/os. “En el Ecuador en el año 2008 se presentaron 10.672 denuncias por delitos sexuales en la Fiscalía, de ellos aproximadamente 300 casos tuvieron sentencias.
Un 21% de niños, niñas y adolescentes del Ecuador han sufrido alguna vez abuso sexual.”

La
 sospecha
 sobre 
la
 sexualidad 
femenina: 
causas 
de 
la culpa,
 el
 silencio 
y
 la
 vulnerabilidad 
sexual
 de 
las 
niñas
  Nancy Carrión S*
Ante
 los 
síntomas 
de 
Patricia, 
lo
 primero 
que
 piensa
 su 
familia 
es 
un 
embarazo 
causado 
a
partir de
 una 
sexualidad 
actíva. 
La
 sospecha 
(duda) 
familiar 
sobre 
su
 capacidad 
para
conducirse 
correctamente 
y 
dar
 cuenta 
de
 sus
 actos, 
les 
lleva 
a
 solucionar 
el
problema
 con 
un
 aborto 
provocado
 sin diálogo con ella. Sin pasar necesariamente por una experiencia como la de Patricia, cotídianamente mujeres, niñas, jóvenes y
 adultas, estamos expuestas a una permanente sospecha y
(pre)juicio social 
que
 dice
 de
 nosotras
 ser 
incapaces
 de 
conducirnos
correctamente ,
mirándonos 
como 
un 
peligro,
 provocadoras 
de
 desorden 
y 
caos
en 
el 
mundo 
de 
la 
sexualidad 
humana.
En 
otros 
casos,
“puta”,
“zorra”,
“loca”,
son
 epítetos
 comunes 
para 
referir
 a
 una
mujer
 en
 atención a
 su 
sexualidad, 
cuando
 es 
actíva.
 Cuando
 no
 es 
así,
fácilmente
 podemos
encontrar
 cualquier 
calificativo 
que
 denote
 una
 pasividad 
cómplice
 de 
la 
mujer.
En 
todo 
caso,
 el
 supuesto
 es 
el
 mismo:
los 
hombres 
no 
saben
 controlar 
su
 sexualidad
 y,
por 
lo 
tanto,
somos
 las 
mujeres
las 
responsables de 
cuidar 
el 
orden 
sexual 
del 
mundo, 
la 
reproducción 
humana 
y
el
 correcto
 comportamiento
 de ellos. Si somos acosadas, violadas o agredidassexualmente, no faltará alguien que de algún modo nos
 señale como
 culpables
 o
 cómplices. 
La
 desconfianza 
sobre nuestra
 sensatez 
y 
buena
 conducta (sexual
 o 
no) 
atraviesa 
también
 las
 relaciones
 entre
 nosotras: 
mujeres 
que
dudamos 
de 
nuestras amigas,
 compañeras,
 hermanas,
 sobrinas,
 madres 
o
 hijas.



En
 nuestro 
país,  
al
menos
 el 
49% 
de 
violaciones 
e n
menores 
de 
edad
 (de 
las
cuales
 el 90% 
son 
mujeres)  
son
 cometidas 
por
 familiares 
o 
personas
 cercanas
 a
la 
víctima1.
Sin
 embargo,
en
 el
 caso 
de Patricia, 
como 
en 
muchos
 otros,
 sobre
 el
violador
 no 
hubo
 sospecha 
alguna.
Sobre
 ella
 sí.
Pocas niñas 
pueden
 tener 
la
valentia
 de 
hablar 
de
 una 
experiencia 
de
 violencia 
sexual si 
implica 
acusar a alguien con quien han tenido algún vínculo de afecto, con más razón si saben que al hacerlo serán señaladas, criticadas y culpadas, mientras el agresorserá defendido o justificado. La cercanía fisica 
y
 afectiva
 del
 agresor,
 sumadas
 a 
esta
 generalizada 
sospecha
 y
 desconfianza 
social
 sobre 
la sexualidad 
femenina 
(también
 aprendida 
por 
las 
niñas),
aumentan 
su
 vulnerabilidad 
al
 máximo.

La sobrecarga de responsabilidad otorgada a las mujeressobre el orden y correcto funcionamiento de la sexualidad humana es una de las columnas más fuertes que sostiene el patriarcado. Atraviesa la 
intimidad
 de 
nuestras 
casas
 y 
las 
calles 
que
 recorremos
 o 
habitamos 
todos 
los
días; 
la 
sensibilidad 
de 
nuestros 
cuerpos
 sexuados 
tanto
como 
la 
cultura
 que
construimos. 
Liberar
 de
 responsabilidad a los hombres, mientras construimos sospechas que pre‐juzgan la sexualidad de cada mujer como
“provocadora”
 de 
la 
brutal
 violencia
 sexual 
o
 cualquier
 otro 
comportamiento 
masculino, es concederles 
a 
ellos 
la 
posibilidad
 de 
violentarnos 
mientras 
destruyen
 el
 proyecto
 vital 
de 
una
 de nosotras y los vínculos de afecto o entrañamientos políticos entre todas. Así se construye y legitima el
 Patriarcado


Vigilando 
nuestros
 cuerpos: sujetas
 a 
la
 sexualidad 
patriarcal


Cuando 
la 
madre
 de 
Patricia 
migró
 a 
España,
 pidió
 a
 su 
hermana
 “chequear” 
a 
la
 niña 
que 
ya
 estaba menstruando,
puesto que
podía quedar embarazada. Para la familia,
esto significaba una gran responsabilidad. Otro episodio común en la vida de las mujeres: la preocupación de otros por nuestro crecimiento y maduración sexualse centra en nuestra capacidad reproductiva, cuando la 
sexualidad
—lo
 sabemos 
todos‐
es 
mucho
 más 
amplia.
 Para
 las
 mujeres,
 entrar
 en 
la
 adolescencia es, entre otras cosas, convertirnos en objeto preciado (carne fresca, apetecida por muchos) y
 a
 la 
vez
 de 
peligro 
(ingenua
 y
 vulnerable 
frente
 a 
la
 sexualidad
 compulsiva
 y 
violenta 
de
 otros) que la gente, todavía responsable de nosotras, debe vigilar. Cuidar a una niña en la edad de Patricia significa 
en
 gran 
medida 
ver 
que 
no 
tenga 
relaciones
 sexuales
 con 
nadie,
 puesto 
que
 dificilmente podría mantener el control de la situación y sus consecuencias. Madres, padres y familiares en general
 cuidan 
de
 este
 modo
 a 
las 
jóvenes
 con
 la
mejor 
intención, 
incluso
 por 
la
 conciencia
 cierta 
de un
 mundo 
violento
 con 
las 
mujeres.
Pero, ¿de qué modo y en qué momento de la vida se supone debe aprender una mujer sobre las complejas relaciones de poder que implica la sexualidad heteronormada? ¿Sola?, ¿cuando haya tenido suficientes experiencias propias, así como tropiezos, para aprender de ellas? En la historia de Patricia nadie tuvo la capacidad y sensibilidad suficiente para dialogar con ella sobre sus síntomas y el malestar que manifestaba en silencio. En la historia de muchas otras tampoco hubo nadie que, en la curiosidad y confusión de la adolescencia, nos haya hablado de la vida en las complejas dimensiones de la sexualidad: el placer, el erotismo, el amor.
Lo
 que
 sí
 nos 
han 
dicho
 son 
advertencias 
que 
muestran 
a 
la 
sexualidad 
como
algo 
de 
lo 
que 
debemos temer: “los hombres sólo buscan a las mujeres para satisfacerse sexualmente”, “si te acuestas con
 un 
hombre
 y 
te 
embaraza, 
no
 esperes
 a
 que
 se 
haga 
responsable 
de 
tu 
hijo”,
“cada 
mujer 
conquistada es un trofeo que prueba la hombría del varón”, etc. Y aunque hay mucho de cierto en esto,
por 
la
estructura
 machista
 que
 atraviesa
 a 
los 
hombres, 
las
 prevenciones
generalmente 
no abordan 
las 
enormes 
posibilidades
 de 
que 
seamos
 agredidas 
sexualmente
 por 
un 
familia o 
persona
 cercana, cosa
 que como 
ya 
hemos 
visto
 es 
bastante común.
De esta
 manera, mujeres
 y 
hombres aprendemos que el lugar de nosotras en la sexualidad es el de un objeto, sujetas a la sexualidad patriarcal. Hay muchos ejemplos que confirman esto. Hombres de mi generación (y también 
algunas 
mujeres),
aprendiendo 
de
 anteriores,
 han 
formado
 su
 erotismo
 en 
base
 a 
la 
pornografia.
 El 
modelo 
se 
reproduce
 ahora 
mismo
 en 
la
socialización
 de 
los
 más 
jóvenes
 a
través
 de música como el regaeton, la publicidad sexista y otros medios. En éste se combina la violencia masculina 
y 
la
 sumisión
 femenina 
con 
el
 placer
 sexual
 de
 ambos.

Concebida
 así,
 la 
sexualidad
 se 
convierte 
en 
un
 impedimento 
cultural
 para 
que
las 
mujeres 
podamos construirnos como sujetos plenos, ya no solo en la sexualidad. La experiencia erótica es, como dice 
Audre 
Lorde, 
una 
fuente
 de 
información
 y
 poder 
transformador
 y
 liberador,
 asentado 
en 
un
plano
 profundamente
 femenino
 y 
espiritual,
 que
 nos 
permite
 vivir
 a
 plenitud 
la
vida 
en
 todas
 sus dimensiones. Romper
 el 
sistema 
de 
violencia
 estructural
 hacia
las
 mujeres
 nos
  exige
 una 
atención de la sexualidad femenina, en cualquiera de sus etapas, desde la posibilidad erótica de construcción como sujetos. Para hacerlo posible, nuestra sexualidad no debe ser chequeada,sino acompañada, dialogada con otras, madres, hermanas, nas, abuelas, amigas, compañeras todas en la difícil construcción
 de 
las 
posibilidades
 de 
liberación
 de
este
 esquema 
patriarcal
 de 
sexualidad.

Engaños
 que 
matan:
a 
los 
hombres 
agresores 
se 
protege para 
no
 causar
 daño
 a
las
 mujeres 
de
  su
 entorno.

Cuando descubren que el embarazo de Patricia era causa de de violaciones recurrentes de su
abuelo, la primera respuesta familiar fue: “mentíra”, “cómo va a ser mi papá violador”. Y acuerdan guardar
 silencio
 para
 evitar
 sufrimiento
 a
 la
 abuela,
 esposa
 del
 violador,
e 
incluso
 a
 la
madre
 de Patricia.
Aunque
 todas 
y
 todos
 sepamos
 que 
la
 violencia
 sexual 
contra
 niñas
 y 
niños
 se
ejerce
 por 
personas cercanas
 a 
la
 víctíma,
 a
 cualquiera
 le 
cuesta 
aceptar
 que
 su
abuelo,
 padre,
 hermano,
 amigo,
 compañero, novio, esposo, hijo, nieto o sobrinos, cualquiera de los hombres que amamos, pueda violar a una mujer, más aún si se trata de una niña ¿Pero por qué nos parece tan raro, si el erotísmo porno
 que prima
 en 
nuestras
 sociedad
es es 
lo
 más 
cercano 
a
 una
violación?, ¿no
 hemos
 naturalizado culturalmente la violencia sexual de los hombres sobre las mujeres, a tal punto que cuando se presenta
 no
 sabemos
cómo
 responder y
 preferimos 
callar,
 en 
un
 acto
 de
 condescendencia 
cómplice?


Tal 
vez 
el
 silencio
 de 
la 
familia
 de 
Patricia
 y
 de 
la
 sociedad
 en
 general
 frente 
a
estos 
casos
 se
 deba al
 sentímiento/conciencia
 de 
haber
 sido 
reproductor(a)
 del 
patrón
 del
 que
 sale:
la
sexualidad 
heteronormada 
en
 el 
erotísmo
 porno.

No sería raro que alguien tenga la astucia de decir “el
 que esté libre de pecado, que tire la primera  piedra”,
intentando
 disolver 
la 
necesaria 
discusión
 de
 los
disímiles
 niveles
 y
 formas
 de responsabilidad
 de
 unos
 y
 otras.
 Quien
 viola 
a 
una
mujer
o
 en 
una 
situación 
menos 
desigual
 y
 grave
 de poder‐
la
 acosa
 tíene
 una
 responsabilidad 
mayor,
 desde 
cualquier
 punto
 de
 vista
 que 
la
 de 
ella.

El que la sexualidad masculina se construya como relación de dominación y violencia sobre las mujeres,
 nos
 implica, 
por
supuesto,
 pero 
no
 con
 el
 mismo
 nivel
 de 
responsabilidad.

Que
 su
 capacidad 
de 
placer 
radique 
en 
la 
posibilidad
 de
 vulnerarnos
 y
 que
debamos
 además 
hacernos
 cargo 
del
 resultado
(un
 embarazo
 no 
deseado
 o
malestares 
fisicos
 y
 emocionales, 
incluso la 
culpa
 por 
lo
 sucedido) 
es
 una 
situación
 de 
injusticia
 que
 debemos
 transformar.
Proteger
 con 
el
 silencio 
o
 de 
otras 
maneras 
a 
un
 violador 
no 
cuida
 a 
las 
mujeres
de 
su 
entorno 
de ser lastimadas, sino que nos vulnera a todas, disolviendo la necesidad imperiosa de construir y alimentar 
entre
 nosotras
 vínculos
 de 
solidaridad
 que 
puedan 
funcionar
 como
 estrategia
 de 
autodefensa
 compartida 
o
acompañada
 entre 
mujeres 
y
 erradicación
 de 
la
 violencia 
sexual.
 Por 
eso,
la relación
 entre
 nosotras 
es 
un 
asunto
 urgente
 que
 debemos
 asumir.

Terminar
 con 
la 
costumbre
 de
 abandonarnos 
unas 
a
 otras
 o
 traicionarnos
 a
nosotras 
mismas 
por proteger
 o
 justificar 
a 
los 
hombres 
que 
amamos,
es
 un
asunto
 de 
sobrevivencia.
 Enfrentar 
la
 desconfianza 
que 
ha
 colocado 
entre
 nosotras 
ese 
esquema 
patriarcal
 de
 sexualidad
es, 
por 
lo
 menos, desestabilizar ese sistema construido sobre nuestra dominación y opresión. ¿Qué rol queremos
jugar
 las
 mujeres
 en
 este
 escenario?, 
¿el
 de
 objetos
 de
 una 
historia
 perpetuada
de 
dominación 
sexual?

Desde 
la 
esperanza 
de
 la 
praxis 
feminista,
 preferimos
 una
 sexualidad
 liberada
 de
 los 
esquemas sexuales 
de
 los 
patriarcados
 porno.
Si
 los 
patriarcados
 aparecen
 en 
casa,
tejamos
 el
 feminismo ahí,
 con 
la
 confianza 
y
 amor
 entre
 mujeres”
Nancy Carrión S

Cómo se viven los derechos reproductivos en Ecuador: escenarios, contextos y circunstancias

*Socióloga, integrante de la Casa Feminista de Rosa y la Asamblea de Mujeres Populares y Diversas del Ecuador.
file:///C:/Users/t2003/Downloads/derechos-reproductivos.pdf
http://www.fundaciondesafio-ec.org/pdf/Libro%20decisiones%20cotidianas%20ARTS.pdf
Leer más...

viernes, 21 de noviembre de 2014

Charo



Rosario (Charo) es una mujer de 25 años, profesional, casada desde hace tres diagnosticada de una grave enfermedad incurable, crónica, y que requiere de tratamientos intensos, desde hace 8 años. Se agrava varias veces al año, sufre mucho en estas crisis, Tiene mucho dolor y los medicamentos que toma son extremadamente fuertes y tóxicos. Tiene restricción absoluta para embarazarse, su ginecólogo le ha dicho que no puede. Ella sabe que no puede, pero tiene una vida sexual y su esposo acepta esta realidad en la relación con su esposa. Charo sufre mucho por causa de su enfermedad. Quiere por lo menos disfrutar su sexualidad y usar un método anticonceptivos seguro,su ginecólogo le ha dicho que no puede usar ningún método hormonal debido a su problema, el preservativo le causa alergia, ardor y molesta. El método del ritmo recomendado por su médico le falló, se quedó embarazada y se hizo un aborto.

...Yo
 no 
lo
 planifiqué, 
pero
 me
 demore 
en 
tomar 
la
 decisión 
de 
abortar ,
no 
se
 en
 que
 estaba 
pensando.
Creo 
que
 en
 el
 fondo 
quería
 cotinuar. 
Pero
 yo
 tengo
 esta
 enfermedad maldita,
 y
 los 
medicamentos 
que 
tomo
 son 
tóxicos, 
fuertisimos
 y 
era 
imposible.
¿Como iba a salir ese feto? Lo que pasa es que varias veces le pedí
a mi
ginecólogo, que me diera un anticonceptivo seguro y siempre me decía que en mi caso solo podía usar preservativo y 
el 
método 
del
 ritmo,
 pero 
tengo 
alergia 
al
 preservativo 
y 
el
método 
del 
ritmo 
me 
falló.

Yo 
le
 pedí
 varias
 veces 
a 
mi 
médico
 que
 m e
ayude,
 que 
me
 recete 
algo, 
que 
me
 ponga una T, 
hasta hablamos de 
una ligadura, 
y
 me 
dijo que 
en mi caso no era posible 
nada.

Que cualquier tratamiento era muy peligroso. Entonces yo le dije ¿Y quien piensa en mí?

 Yo 

tengo
 una 
vida...
¿Porque 
no 
piensan
 en
 mí?

La 
verdad 
es
 que
 no 
le 
tenía 
confianza 
a
 mi
 medico 
para 
hablar
 con 
él
 de 
mi
 vida 
sexual, y
 creí 
todo 
lo 
que 
él 
me
 dijo.
 Hablar
 de 
la 
intimidad
 es
 otra
 cosa,
 una
 mujer
 no
 se 
abre 
a un 
hombre,
 le 
da
 vergüenza.
 No 
busque 
otro
 medico
 porque
 él 
ya
 sabía
 mi
 caso,
 yo 
no quería
 ir
 a 
otro
 sitio 
a 
contarle
 a
 otra 
persona 
lo
 mío.
Total
 no 
me 
había 
embaraza do 
entres
 años,
 pensaba
 que
 estaba
 bien.

No
 disfruto
 mi
 vida
 sexual,
 sufro 
mucho 
en
 ese
 aspecto,
 porque……
¿que 
culpa
 tiene
 mi marido ? 
La
enferma 
soy 
yo,
 y
 el
 sufre
 en
 ese
 aspecto 
por 
mi
 culpa.
 Y
 yo 
con
 esta 
enfermedad,
¿porque 
a
mi?
 Tanto
 dolor, 
tanto 
dolor
 que 
he
 soportado, 
tengo 
tanto
 miedo 
del dolor,
estoy 
tan 
cansada 
de
 que
 me 
duela.
 Tenemos
 una
 relación 
sexual
 al
 mes,
 es
 muy espaciado.
Yo 
tenía
 mucho 
miedo 
de 
quedar
embarazada 
y 
por
 eso 
casi
 no 
tenemos 
relaciones. No estaba a gusto, porque siempre tenía la inseguridad de que me podía quedar embarazada,
hasta
 que 
pasó.



Cuando 
nos 
enteramos 
del 
embarazo 
al 
comienzo
 estuvimos
 contentos, 
pensamos 
que tal vez si se podía, también estuvimos sorprendidos, porque otra cosa que me habían dicho,
 es 
que 
era
 casi imposible
 que
 me 
quede
 embarazada.
 Que 
esos 
medicamentos eran 
tan
 fuertes
 que 
era
 imposible
Mi
 marido
 al
 comienzo 
estuvo
 muy
 enojado 
con
 el
 médico,
 porque
 yo 
le
 reclamé
 cuando me
 salió 
positivo
 el
 examen 
de
 sangre.
 El
 médico 
me
 dijo 
que 
le
 daba
 mucha 
pena, 
pero que 
en 
mi
 caso 
no
 se
 podía 
hacer 
nada,
 que 
si 
ya
 estoy 
embarazada
 lo 
tenía
 que 
tener, aunque 
me 
salga 
mal,
 porque
 el 
no 
iba 
a 
ser 
cómplice 
de
 un
 aborto.
 Que 
si
 lo
 iba
 a 
abortar
 era
 solo
 mi
responsabilidad,
 no 
de
 él.

Pero luego nos dio miedo, terror, lo primero que le dicen a una es que va a salir mal, malformado… con alguna deficiencia o discapacidad. Nadie quiere traer al mundo un hijo así, para que sufra y nosotros también. Pero lo otro que me mataba era que yo me podía morir, con esta enfermedad es así. Imagínese yo lo tengo y luego me muero, que horror, no. O que me vea sufrir con mis dolores, no, no estaba bien… entonces decidimos abortar…

No nos quedo más que esa opción. Imagínese en medio embarazo, que me de una crisis, que
 tenga 
que 
ponerme
 esa
 medicación
 tan
terrible.
 Él,
 mi 
marido
 estuvo
 de
 acuerdo
 y estuvo
 conmigo 
siempre.
Él
 me 
acompaño 
y
 me 
apoyó.

A mi familia cuando les dije que tenía que hacerlo porque había muchos riesgos, me apoyaron.
Respetaron 
lo
 que 
íbamos
 hacer 
y 
nunca 
preguntaron 
nada.

Ya
 en
 el 
consultorio 
de 
la
 médica 
que
 me 
atendió
 me 
desahogue 
por
primera
 vez, 
lloré 
y lloré 
y 
la 
doctora
 me 
escuchó.
 No 
me
 dijo
 nada,
 solo 
me
 dejó.
 Tenía
 mucha
 rabia
 y 
pena.

Esos
 momentos
 fueron 
de
 alivio.
No
 me 
compadecieron,
 solo 
me 
dejaron
 que 
llore.

Todo el proceso fue dificil, tenía miedo al dolor. Pero ahora hay un tratamiento solo con medicamentos y como era algo riesgoso hacer otro procedimiento, me dieron medicamentos.

Fueron algunos días, hasta que me dijeron que había terminado. Cuando tuve el sangrado me tranquilicé y pensé que ya todo terminó. Pero no era así. Tuvieron que hacerme un seguimiento hasta que todo estuvo bien. En el consultorio me dieron el tratamiento, el resto del proceso lo viví en mi casa, en el trabajo. Cuando tenía alguna duda llamaba y me calmaban contestando todas mis preguntas e indicándome que es lo que tenía que hacer.

Yo 
hice 
lo 
correcto, 
o 
hicimos 
lo 
correcto.
 Yo
 siempre 
había 
pensado 
que
 no 
podía 
tener hijos 
nunca,
 y
 con 
esto
 que
 me 
pasó
 lo
 comprobé.
 Luego 
me 
hicieron 
una 
ligadura
 y 
si se 
pudo.
Ahora
 estoy
 tranquila
 y 
mejoró
 mucho 
mi
 vida
 sexual.

Creo 
que 
las
 mujeres
 que 
tenemos 
enfermedades
 como 
la
 mía 
u
 otras 
deben 
asesorarse bien,
 buscar 
varias
 opiniones 
médicas,
 que 
no
 se
 con-en
 de 
un
 solo 
médico.

“Creo que el aborto debería ser legal en situaciones como la mía. Esta experiencia es personal,
 no 
se 
si
 yo 
podría 
ayudar
 a 
otra
 mujer...”


 Reflexión sobre el caso 

de Gayne Villagómez Weir


Abogada, 
especialista 
en
 temas 
de
 género
 y 
derechos 
humanos
 de 
las
 mujeres y
 militante
 del
movimiento
 de
 mujeres


“Del testimonio de Judith se colige una relación de poder médico‐paciente jerárquica, autoritaria y de insensibilidad hacia las necesidades específicas de la paciente. Principalmente se detectan los siguientes aspectos de esta relación:

El médico no ofreció a Judith otras posibilidades de métodos de anticoncepción, ni siquiera lo intentó, sabiendo que por su enfermedad era sumamente peligroso que se quedara embarazada.
Conocía que el condón le producía molestias por la alergia que había desarrollado al mismo, sin embargo insistió en que era el único método posible.
El método del ritmo también le fue propuesto, pero lo consideró de poca efectividad y ligado sobre todo a creencias religiosas, puesto que habiendo tanto métodos científicos efectivos y comprobados, ¿porqué arriesgarse como paciente, y porque recomendarlo como médico/a?
El médico nunca consideró importante buscar medios anticonceptivos que pudieran mejorar la vida sexual de Judith, conociendo que el miedo al embarazo – comprensible desde todo punto de vista‐ impedía que ella disfrutara de las relaciones sexuales con su marido; debió haber tomado en cuenta que esta situación inclusive ponía en peligro su relación afectiva: a su edad y teniendo una vida conyugal, era evidente que tenía o quería tener una vida sexual, pero el doctor nunca exploró otras alternativas porque no consideró importante el caso se Judith y no lo abord como un verdadero profesional.
La relación médico‐paciente estaba marcada por la falta de confianza hacia el doctor, lo cual impedía que Judith pudiera comunicar de mejor forma sus preocupaciones e inquietudes respecto a su salud sexual y reproductiva.
Lo más sorprendente del caso es la reacción adversa del médico ante el embarazo no deseado de Judith, situación que él mismo provocó y que luego se negó en asumir su interrupción.

A más de que nunca se preocupó por aconsejarle un método adecuado para su caso y enfermedad, demostró una total falta de ética, de sensibilidad y de humanidad al conocer del embarazo y de la decisión de Judith de abortar debido a las consecuencias que ésta produciría en el feto y en la vida de la madre.

Prueba de que sí existían otros métodos de anticoncepción accesibles para la paciente, es que luego del procedimiento del aborto, Judith se hizo la ligadura, y como ella misma manifiesta,ahora
 se
 siente
tranquila 
y 
mejoró
 su
 vida 
sexual
 pues 
no
 corre 
el
 riesgo 
de
 quedarse
 embarazada.

En el contexto de la vida personal del Judith, hay de por sí una falta de autoestima y empoderamiento de su vida sexual, quizás en parte causada por su propia enfermedad, lo cual le impidió buscar otra/o profesional al ver que su médico tratante no respondía a sus necesidades.

Fuera de la relación médico‐paciente, sería interesante reflexionar e indagar cómo los médicos ginecólogos varones, se constituyen en facilitadores o inhibidores de la vida sexual y de la vida reproductiva de las mujeres. Como en todas las acciones humanas, en la consulta médica está presente la idiosincrasia, concepción, prejuicios y mitos del médico o médica, en la cual se puede establecer fácilmente una relación de poder desigual, especialmente si es médico varón
Como pacientes, y más aún como mujeres, debemos analizar cómo vivimos esta interacción con los y las médicas que cuidan de nuestra salud sexual y salud reproductiva.

¿Quién toma las decisiones? Nos sentimos libres para expresar nuestras ideas, inquietudes o ¿nos dejamos imponer y callamos? Inclusive cabe preguntarnos cómo vivimos nuestra sexualidad, con todos los problemas de salud que podamos tener, con nuestros prejuicios y pudores, cómo vivimos nuestro cuerpo? ¿Cuáles son nuestros erotismos? ¿Nos sentimos en libertad para hablar de eso?

Para finalizar puede concluir diciendo que nadie nos va a “dar” a las mujeres la libertad de vivir, hablar y compartir sobre nuestra sexualidad, es algo que tenemos que auto‐atribuirnos y ejercer para ser libres.

¿Cuánto de ese arrebato de nuestros derechos y libertades es también responsabilidad de nuestra falta de acción, de empoderamiento y de asumir ser actoras de nuestras vidas?”


http://www.fundaciondesafio-ec.org/pdf/Libro%20decisiones%20cotidianas%20ARTS.pdf
Leer más...

jueves, 20 de noviembre de 2014

Enfrentando la violencia sexual


La edad es un factor importante al momento de enfrentar la violencia sexual, de esta manera, las personas que atraviesan por esta experiencia en la adolescencia les cuesta más enfrentar este tipo de problemas. Esto también está relacionado con el entorno familiar, el siguiente testimonio muestra cómo la falta de confianza y apoyo de los padres afecta psicológicamente a las personas: 

“Yo no tenía la confianza como para decirles nada, mis padres nunca me hablaron de sexualidad, tampoco teníamos, ni tenemos buena comunicación, sentía como que les hubiera defraudado,  porque mis hermanas siempre tan correctas y tan buenas alumnas, como se dice “niñas de casa” y yo sentía como que yo fui la que me arriesgué a irme con los hombres en la noche, lo mas contradictorio es que mi mami es médica y trabaja en campañas para hacer que la gente use métodos anticonceptivos y nunca fue capaz de hablar con nosotros de sexo, entonces para mí el sexo era algo malo, porque así me enseñaron en el colegio que las mujeres son las que se embarazan y son las que se tienen que cuidar, a los hombres no les dan una responsabilidad de su sexualidad, y las mujeres son las que corren peligro, es decir juzgan mucho desde sus prejuicios, para mí era terrible tener que contarle a mi mamá que me había pasado eso, porque me sentía culpable, y además sentía que ella no me iba a apoyar, más bien iba a culparme también. Hubo un momento en el que yo borracha les conté a mis papás lo que me había pasado, pero nunca se volvió a hablar del tema, ellos nunca me preguntaron nada ni se preocuparon de lo legal y de mi estado emocional, solo me seguían comprando las pastillas que me mandaba el psiquiatra y cada vez que llegaba borracha mi mamá me decía que no hay cosa más fea que una mujer borracha pero nunca les interesó afrontar el tema ni en entender el por qué yo me emborrachaba ni por qué me sentía tan mal.”

“Yo no tenía a nadie en quien confiar, ni siquiera mi amiga con la que viví la experiencia porque ella “se hizo la loca”, y además me hizo prometer confidencialidad, me sentía sola e insegura y con una carga pesada y nadie sabía lo que me pasaba, solo el psiquiatra y el nunca le dio importancia a esa parte, solo me daba pastillas y me dijo que no denuncie por que el proceso es muy largo y yo no estoy en condición de afrontar eso.”

“En un primer momento perdió las ganas de estudiar, no quiera hacer nada en su vida, pues cuando contó lo que sucedió a su madre lo primero que hizo fue llevarle al sicólogo del cuartel militar (el padrastro era militar) aduciendo que “estaba loca”. Cuando la sicóloga le confirmó a su madre que era cierto lo que ella decía, las cosas cambiaron para Karina pues ya tuvo el apoyo de su madre, y ella volvió a pensar en cumplir sus sueños, no cree que le afecta para poder relacionarse con otros hombres.”

“Sufrimiento, me acordaba de las cosas y no puedo vivir en paz porque eso se quedó en mi cabeza. 
Siempre, cuando estoy con mi esposo lo recuerdo y a veces me las aguanto porque soy casada y tengo que dejar eso aparte y ver mi vida como estoy ahorita.”

“Mi familia de parte de mi mamá dice que la culpa es mía, que lo que él hizo esta bien, que yo tengo la culpa de todo.”

“Mi tío se enteró porque la persona que lo hizo fue mi primo, yo tenía 5 y el tenía 11 o 12 años. 
Usaba el método de la amenaza, me pegaba, me decía que nadie me iba a creer, y de verdad yo era una niña bien inocente, entonces no sabía ni siquiera lo que estaba haciendo, no sabía lo que estaba mal y lo que estaba bien. Hasta que un día, en algún momento lo vi en la televisión, y me dije “Eso me lo están haciendo a mi, me están violando”…entonces yo quise (piensa y busca 
las palabras para expresar una sensación de la infancia que es confusa) Siempre supe de alguna manera que estaba mal, pero me culpaba a mi misma y no podía ver lo que me hacía mi primo y además esto que él me decía que nadie me iba a creer, que él me iba a pegar. Entonces un día un tío…un tío, nos encontró. Entonces mi primera reacción fue a abrazar a mi tío como pidiéndole ayuda, pero solamente le retó y se fue. Entonces, otra vez dije: No! entonces ¿está bien? Tenía una confusión muy grande, pero si él lo sabía, él obviamente sabía que estaba mal y yo lo abracé buscando apoyo y no hubo ninguna reacción…y la familia. Bueno mi familia es de la sierra y es más conservadora, entonces tapan todo por las apariencias o siempre el hombre tiene la razón. 
Yo nunca se lo dije a mi madre porque me da mucha vergüenza y él tampoco le debe querer decir porque le debe dar vergüenza admitir que él no hizo nada (Refiriéndose al tío)”

“No quiero tener problemas con él, entonces les dije que no lo metan preso porque él se va a vengar, yo tengo miedo que regrese cuando nazca la niña y nos haga algo.”


Informe de entrevistas a mujeres sobre la vulneración de sus Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos
Ecuador
Leer más...

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Dónde suelen darse las agresiones sexuales a adolescentes y niñas


Dónde suele suceder

En la calle: Hay diversos tipos de sobones:

• Los que te piropean por la calle con los ojos salidos de deseo.

• Los que te soban y toquetean en cuanto pueden.

• Los que ligan sólo para su rollo.

• Los que bajo revisiones médicas, psicológicas y familiares, te manosean sólo para su placer.

Pero, todos ellos, para ti… ¡son agresores!

No permitas que te desnuden con la mirada, que te agredan con la palabra o que toquen tu cuerpo cuando tú no quieres. Plántate. Frénales con tu mirada. Con tus palabras. Actúa con firmeza. No te avergüences y ten valor para que se avergüencen ellos. Busca la complicidad de tus amigas o de las personas que te rodean.

Algunos aprovechan los autobuses, el metro, las fiestas y las aglomeraciones, para«meter mano».
Reacciona y responde a la situación concreta, de forma que tú no salgas perdiendo y ellos aprendan para otra ocasión.

Tienes derecho a bañarte desnuda en una playa, si te gusta, a usar minifalda, a no llevar sujetador. Y ellos, no tienen derecho a meterse contigo. Tú no les provocas, les provoca el mal rollo que tienen en su coco.
Si eres simpática, arrolladora, atractiva y ellos, lo viven como una provocación, no te cortes. Es su problema.
A veces hay que parar los pies a los propios compañeros, a los amigos, cuando vas de marcha un sábado, en una fiesta, un fin de semana. Vas a pasar un rato agradable, a divertirte, a estar entre personas de tu confianza… pero, si se pasan, tienes que defenderte y mostrarles tu desagrado y rechazo.


Cinco cosas que tienes que saber

Una.
Te costar á creerlo, pero investigaciones realizadas han constatado que más de la mitad de los abusos sexuales a menores, se dan en la familia por parte de un cuñado, del padre, delabuelo o de un hermano. Si eres una de ellas, no lo ocultes por cariño mal entendido, vergüenzao miedo. Coméntalo con tu madre, con alguna amiga o persona adulta que te ofrezca confianza.
No pienses que no te van a creer, porque ahora ya sabemos que estas agresiones suceden.
Denúncialo. No pares, hasta solucionar el problema que te haya creado esa persona. Te puede hacer mucho daño el ocultarlo.

Dos.
A veces suceden agresiones, por parte de amigos de la familia, que se aprovechan cuando una chica estásola. No te cortes. Coméntalo con tu madre y tu padre. Enfréntate a los supuestos amigos familiares, contando su comportamiento. Decídete por la denuncia judicial, si fuera preciso.

Tres.
Quizá has oído contar historias de profesores, que se meten con el cuerpo de las alumnas, que les agreden con miradas o con palabras, que intentan tocarles o imponerse sexualmente, bajo coacciones, etc. Muchas historias de esas, son verdad. No tienes por qué ceder a estas imposiciones, porque sean tus profes, ni permitir que te agredan. Coméntalo con tus compañeras.
Trata de conseguir su complicidad y denúncialo ante la dirección, la Asociación de Madres y Padres, tu clase, tu madre, etc.

Cuatro.
Hay chicas que también reciben agresiones por parte de algunos compañeros de su propio Centro escolar, tales como: que ridiculicen su cuerpo o el de alguna compañera, ofensas verbales o físicas contra las chicas en los vestuarios de gimnasia, en los pasillos del Centro, en la calle, desprestigiar a una compañera porque no quiere aceptar una relación con un chico, tocar a una chica sin su voluntad, contar chistes despectivos para las mujeres en las fiestas escolares, realizar pintadas ofensivas para las mujeres en las paredes del Centro, intentar acomplejar a las chicas o chicos que no responden a los modelos de belleza establecidos, expresiones ofensivas de los chicos respecto al cuerpo de las profesoras. Y una larga lista de otros hechos, que van configurando una situación de normalización de estas agresiones.

Cinco.
No tengas miedo a desnudarte delante de un médico o de sentarte ante un psicólogo, pero has de ser espabilada, para distinguir el tratamiento necesario para tu salud, de las palabras, miradas, tocamientos, que nada tienen que ver con ella. Cuando no estés conforme con el trato que te dan, no te acobardes y responde, contándolo a alguna persona de tu familiao a alguna amiga y denunciándolo según convenga en cada caso.


Leer más...

martes, 18 de noviembre de 2014

Qué hacer si has sido agredida


No creas que la agresión que te acaban de hacer, es normal, porque es habitual. No pienses: «también les ha pasado a otras chicas», «no tengo que darle importancia…». Párate a contarte a ti misma lo que ha pasado.

No ocultes la agresión recibida. Esfuérzate por vencer la vergüenza, el miedo, el bloqueo. No tengas miedo al«qué dirán» y cuéntale a alguien en quien confíes o a una amiga, lo que te ha pasado y pídele que te ayude.

Nunca te autoculpabilices. Sería el colmo. Eres la agredida no la responsable de la agresión.
Ten valentía para criticar con energía el comportamiento de quien te ha agredido. Ellos casi siempre se defenderán echándote a ti la culpa y diciendo que son inocentes, pero tú, sigue firme con tu denuncia, porque tú eres la que mejor sabes cómo has sido agredida .

Denuncia la agresión, ante tu familia, el Centro escolar, el Centro médico o lugar que veáis más conveniente según cada caso. Puedes denunciarlo también en algún Colectivo social de mujeres que conozcas, o en el Instituto de la Mujer, de la Juventud

…No ocultes los datos, de quien te ha agredido, cuando sea necesario.
Llama a un  teléfono de ayuda , si es que lo hay en tu comunidad , provincia o lugar donde te encuentres 

Qué hacer cuando otra chica te cuente que ha sido agredida

Escuchar con respeto a la compañera agredida.

No desconfiar de ella, de entrada, ni negar la agresión que nos esté contando o pensar que son fantasías.

Estábien que tengas toda la información que puedas sobre los hechos, para que sepáis qué pasos dar para solucionar la situación que esté viviendo.

Desculpabilizarle de la agresión recibida. Ella no ha quedado manchada, quien es indigno es quien le agredió.

Comprometerte y ayudarle a vivir esta negativa experiencia y no pensar que ya le ayudarán otras personas.

Mostrarle afecto, apoyo, solidaridad, darle seguridad. No ocultar la agresión por miedo u otros motivos.

Exigir responsabilidades a quien le agredió, que reconozca el daño causado y que asuma las consecuencias que se sigan.

No seguir conviviendo con el agresor como si nada hubiera sucedido. Plantear el distanciamiento del agresor.

Si no podéis solucionar solas su malestar, acudir a alguna persona adulta de vuestra confianza, o algún centro de ayuda como los que tienes en la página anterior, o llama al teléfono gratuito


 Qué hacer para prevenir las agresiones

Critica y denuncia siempre que puedas, las continuas agresiones sexuales que aparecen en la tele, en las revistas, en la pornografía, como si fuera algo normal.

Colaborarás con ello, a que se cree un estado de opinión, que obligue a los agresores a sentirse avergonzados, rebajados y a que se cuestione el poder que ejercen irracionalmente sobre el cuerpo de las mujeres.

No rías las gracias de los chicos u hombres que confunden las«bromas» con las«agresiones» y el«sentido del humor» con la«actitud sexista», les ayudarás con ello a que traten con respeto al cuerpo de todas las mujeres.


Otra manera de colaborar

Frena de muy distintas maneras, según los casos, a cualquier agresor.

Denuncia públicamente, en tu entorno, cualquier agresión.

Ten siempre complicidad con las chicas o mujeres agredidas.

Sé valiente y colabora en la denuncia pública de toda violación.

Asóciate en grupos de mujeres que luchan contra la violencia a las mujeres o crea tú con tus amigas grupos que se dediquen a ello.


Pon ATENCIÓN en:

No creas que la violencia física contra el violador es siempre la respuesta. Puedes salir perdiendo.

Ten precaución con los anuncios del periódico que solicitan «chicas para trabajar en bares», «señoritas de compañía», «recepcionistas jóvenes para hoteles y pensiones», «au pair para Londres», «chicas para modelos» y cosas parecidas. No siempre coincide la letra con la intención.

Existen algunos cursos, en los que se aprende auto-defensa personal, para responder con habilidad a las agresiones sexuales y librarte de ellas con ingenio y sin violencia. Infórmate sobre ello.


El conocimiento de que todas estas agresiones suceden todavía en tu entorno social, no te debe llevar a vivir asustada o con miedos, si no a: Aprender a distinguir, entre la caricia y el manoseo, el humor y la agresión, la realización de tus deseos y el sentirte forzada a satisfacer deseos ajenos

…Saber defenderte en cada caso, con entereza, inteligencia, habilidad
…Ser firme en la denuncia pública de toda agresión.
Solidarizarte con las demás mujeres en la lucha constante por eliminar cualquier agresión,
por pequeña que parezca.
No privarte de salir a la calle, cuando tú realmente lo desees, eligiendo las circunstancias
(lugares, horas…) que más te favorezcan.


 Agradecemos la imagen a María Jesús Hernández Sánchez 
Leer más...

lunes, 17 de noviembre de 2014

LA INTERPRETACIÓN MASCULINA DE LA MUJER


A principios de los 70s salió publicado en España el libro de Esther Vilar, El varón domado, uno de los libros más populares y polémicos de la época. El texto de Vilar apuesta al poder de la femineidad como forma de control social que las mujeres tienen sobre los hombres. Mediante estrategias de seducción, la mujer controla al hombre, algo de lo que ellos muchas veces no son conscientes. “El hombre fue entrenado y condicionado por la mujer, para convertirlo en su esclavo. Como compensación es premiado periódicamente con una vagina”, afirma Vilar en una entrevista.[1]  
La aparición del libro, justo cuando la efervescencia del movimiento feminista hacía eco en Europa y América, y las mujeres cuestionaban el papel decorativo con el que el sistema patriarcal pretendió esconder la opresión y la explotación de su fuerza de trabajo, fue duramente criticado y puso en cuestión el uso de la feminidad, como un dispositivo que pretendía naturalizar su subordinación y en consecuencia el espacio social y político al que esa naturalización la condenaba: el privado. Aun cuando la discusión se inició en los 70s, considero que el feminismo no ha profundizado suficientemente la reflexión, ni la práctica estratégica sobre la femineidad y su función social en un mundo patriarcal. De allí que algunas de las preguntas iniciadas entonces, todavía siguen vigentes:
¿Es la femineidad un producto de la naturaleza de las mujeres?, ¿para qué sirve?, ¿a quién le beneficia?, si fuera una construcción cultural, ¿por qué las feministas no prescinden de ella? ¿Por qué ese dispositivo de control sigue manejando la conducta humana y se reproduce intocable como si su existencia fuera natural?
Con el surgimiento de la segunda ola del feminismo, a principio de los 70s, los grupos de reflexión feminista permitieron desentrañar el sentido político de la diferencia sexual entre hombres y mujeres, y desarrollar instrumentos de análisis que posibiliten una visión crítica de las construcciones culturales. La cultura fue puesta bajo sospecha, sometida a inspección y encontrada culpable de misoginia, heterosexismo, etnocentrismo y clasismo. Leer como mujer, al tiempo que ejercicio metodológico, se convirtió en actividad política de resistencia a la universalización masculina que la cultura patriarcal impuso por siglos. Así, la interpretación feminista se convirtió en un acto de supervivencia y resistencia a los dictados ideológicos androcéntricos. [2]
En 1970, Carla Lonzi publicó Escupamos sobre Hegel y otros escritos sobre liberación femenina, señalando que “La imagen femenina con que el hombre ha interpretado a la mujer, es una invención suya, el hombre siempre ha hablado en nombre del género humano, pero la mitad del género humano lo acusa ahora de haber sublimado una mutilación. Consideramos incompleta una historia que se ha construido, siempre, sin considerar a la mujer como sujeto activo de la misma”. Con esto Lonzi define la heterosexualidad como un dogma que considera a las mujeres como complementos “naturales” de los hombres, relación que se sostiene a través de la reproducción. [3]
Posteriormente, en 1975, aparece el texto The normative status of heterosexuality escrito por el Colectivo de lesbianas feministas Purple September de Amsterdam en el cual se afirma que una de las definiciones implícitas de la feminidad es la heterosexualidad y que el objetivo general del condicionamiento femenino es hacer que las mujeres se perciban a sí mismas y a sus vidas a través de ojos masculinos, lo que da a la heterosexualidad un estatuto normativo. Si el espacio privado era la razón del confinamiento, para algunas feministas se debía arrebatar de la exclusividad masculina el espacio público y ocuparlo. Sin embargo, para otras, había que transformar algunos aspectos del ámbito privado, uno de esos era la sexualidad. Es así que las radicales acuñan “lo personal es político”, que sirvió para analizar espacios de la vida privada. Kate Millet plantea que “La estructuración de la sociedad a través de la división sexual, limita las actividades, trabajo, deseos y aspiraciones de las mujeres. El sexo es una categoría de posición social con implicaciones políticas”. [4] Transformar lo privado implica transformar las reglas de la relación entre hombres y mujeres y en consecuencia los roles femenino y masculino, lo que a su vez trastocaría profundamente las bases de la política que se estructura en términos de dominio y subordinación entre los sexos. [5]
La definición de la categoría sexo/género de Rubin como “el conjunto de dispositivos por medio de los cuales una sociedad transforma la sexualidad biológica en un producto de la actividad humana” permitió separar las construcciones culturales como femineidad y masculinidad conceptualizadas como género, de la biología. La oposición hombres y mujeres, “lejos de ser una expresión de las diferencias naturales, “exige en los hombres la represión de todos los rasgos localmente definidos como ‘femeninos’ y, en las mujeres, de los rasgos localmente definidos como ‘masculinos’”, con la finalidad de oponer unos a otros. Según Rubin, en todas las sociedades la personalidad individual y los atributos sexuales “se generizan”, vale decir, la cultura los obliga a adecuarse a la “camisa de fuerza del género”. Estos sistemas sexo/género “no son emanaciones ahistóricas de la mente humana” sino productos de la actividad humana, que es histórica y en consecuencia, responden a intereses políticos. [6]
Para Wittig, masculino/femenino, varón/mujer son categorías que ocultan las diferencias que se crean dentro de un orden económico, político, ideológico. Todo sistema de dominación establece divisiones al nivel material que favorecen a un grupo y desfavorecen al resto. Lo mismo ocurre con el sexo: es la opresión de las mujeres por los hombres la que crea el sexo, y no al contrario; creer que el sexo es la causa de la opresión implica creer que el sexo es algo que preexiste a lo social. "Sexo" es una categoría política totalitaria que funda la sociedad como heterosexual; con sus propias instituciones, su propio sistema de leyes, su propia policía. Conforma el cuerpo y la mente, hasta el punto de que no podemos pensar fuera de ella. Los seres humanos somos forzados a que nuestro cuerpo y nuestra mente se correspondan, rasgo a rasgo, a la idea de "naturaleza", a la idea de sexo y de género. Ocurre lo mismo que con la raza: ésta, igual que el sexo, es considerado un dato sensorial, una serie de rasgos o características físicas que pertenecen al orden de lo natural. Pero lo que creemos que es una percepción física y directa es sólo una construcción sofisticada y mítica, una "formación imaginaria" que reinterpreta los rasgos físicos (en sí mismo tan neutrales como cualesquiera otros pero marcados con significados específicos por el sistema social) en función y a través del entramado de relaciones por las que son percibidos. [7]
Julieta Paredes y Espinosa hablan de la importancia de reconocer los intereses a los que responde la división genérica y racial, [8] y la normatividad que ello implica en la regulación de los cuerpos a favor de un grupo y detrimento del otro y que implica el hecho práctico de que una persona por sus características físicas de hembra (vulva, vagina, senos y capacidad reproductora) es socialmente reconocida y construida como mujer; o de piel (oscura), y en consecuencia vive una realidad diferente sin los privilegios y prerrogativas sociales, económicas, ideológicas y por tanto políticas de quienes son reconocidos y construidos como hombres y blancos. [9]
De esta manera, la modelación del cuerpo sexuado, es decir la generización en una identidad masculina o femenina, es parte del dispositivo de regulación ejercida desde ámbitos de poder y que posiciona a uno de los cuerpos e identidades al servicio del otro. La construcción de esa diferencia sexual aparentemente irreconciliable en base a supuestas características biológicas marca el género, así la feminidad, es construida desde la masculinidad para su servicio y dominio. De ahí que exista una suerte de coacción en hacer corresponder cuerpo y mente a la idea de "naturaleza" y que justifica y refuerza la heterosexualidad como única forma de relación natural y complementaria entre hombres y mujeres.
Pisano plantea que la reducción de la sexualidad al espacio reproductivo es fundamental para declarar al cuerpo como objeto para ser dominado. El hombre concebido como superior, domina su cuerpo, crea, piensa, organiza y elabora valores, lo que se define como masculino y traduce a su cuerpo el lugar de entrenamiento y desarrollo para el dominio. El cuerpo mujer, por su función reproductora, reducido a sujeto instintivo y/o a objeto de placer, está anulado como sujeto pensante, supeditado al dominio. Estos son algunos de los signos con que se construyen las ideas de feminidad y donde la mujer pierde automáticamente la autonomía e independencia, para formar parte de una masculinidad que piensa y diseña nuestra subordinación.
Los modelos eróticos con que somos socializadas van construyendo y reconstruyendo la simbólica de lo femenino desde los poderes culturales, que son reforzados permanentemente por la iconografía de los medios de comunicación y de grupos culturales que, aunque, aparentemente tengan una posición permisiva o cuestionadora de la sexualidad o de la libertad, en lo medular siguen sosteniendo los viejos valores de la masculinidad. Para cambiar estos valores se requiere necesariamente de un proceso político cultural civilizatorio que cuestione en lo más profundo los viejos estereotipos de la sociedad patriarcal, que sigue totalmente vigente, aunque se haya travestido de una seudo igualdad en esta masculinidad moderna. [10]

LAS MODAS Y LA MODELACIÓN DE LA FEMINIDAD
La femineidad no es una forma esencial de ser de las mujeres, sino una construcción interesada. Las mujeres hemos sido diseñadas rasgo a rasgo bajo los intereses de la masculinidad. Un ejemplo claro de ello son las modas, creadas desde el pensamiento masculino para dominar a las mujeres.
La moda indica un mecanismo regulador de elecciones, son aquellas tendencias repetitivas, ya sea de ropa, accesorios, estilos de vida y maneras de comportarse, que marcan o modifican la conducta de las personas. 
Simmel la define como la imitación de un modelo que proporciona satisfacción a la necesidad de apoyo social y conduce al individuo al mismo camino por el que todos transitan.[11] De ahí que la moda debe ser conceptuada como un sistema de instituciones, esto es, una sucesión de prácticas sociales repetidas con regularidad y continuidad, sancionadas y mantenidas por normas sociales, que encuentran su importancia fundamental dentro de la estructura social.[12]
Con el advenimiento y desarrollo del capitalismo la moda adquiere relevancia, siendo el consumo, uno de los objetivos principales; referida a la compra y uso de mercancías como hechos sociales, constituye la etapa final del proceso económico. En tal sentido, la moda tiene la función de generar necesidades y satisfacción personal, llegando incluso a forjar procesos de fetichización. Por medio de la mercadotecnia o publicidad, herramientas que fomentan el consumismo, el sistema capitalista al tiempo que promueve la adquisición competitiva como signo de status y prestigio, marca las reglas de comportamiento de los sujetos a través del mandato de la moda. [13]
La moda no es un fenómeno de la modernidad, su función principal está en la modelación de comportamientos, genéricos y de clase. Existen ejemplos muy antiguos de imposición de modelos de vestimenta con el objeto de limitar la movilidad de las mujeres. En el siglo X inició en la China la costumbre de vendar los pies de las niñas desde los cinco años para usar el zapato de loto. Desde entonces las mujeres chinas de todas las clases han experimentado el dolor atroz de atrofiar el crecimiento de sus pies. Se creía que manteniendo a las mujeres físicamente limitadas sería menos probable que alcanzaran independencia mental. Los pies deformados eran sinónimo de belleza y el entorno juzgaría que una mujer sin pies minúsculos, estaba desahuciada para contraer matrimonio. La meta del vendaje era juntar los dedos del pie y el talón de modo que el pie pudiera formar un arco, con el propósito de cambiar la posición del cuerpo, de modo que siempre que caminase una mujer, sus nalgas se movieran para apoyar la parte superior del cuerpo. El efecto es similar a usar zapatos de tacón alto actualmente.
Si bien la moda ha cambiado a lo largo de los años, durante el siglo XIX y principios del XX, la denominada moda de clase, respondió a estándares diferenciados, creados, adoptados y difundidos por las élites, con objeto de fijar posiciones sociales. La historia de la indumentaria femenina y la moda no son inocentes. Los valores que situaban a la mujer como “dama inmaculada”, “madre entregada”, “ingenua”, “inocente”, “sin deseos”, “dependiente” y “acompañante del hombre”, fueron inculcados junto a ideales religiosos que predicaban la culpabilidad de la mujer en el pecado original y, en consecuencia, la dependencia de la mujer respecto al hombre. Dichos ideales debían reflejarse en la imagen física de las mujeres, así como en su vestimenta. La imagen de pureza se mostraba en pieles pálidas para lo cual bebían, entre otras cosas, vinagre que aclaraba su cutis.
La vestimenta evolucionó hacia vestidos cada vez más elaborados, aparatosos e incómodos. El vestido victoriano se caracterizaba por cubrir el cuerpo desde el cuello hasta los pies. La parte superior, cubría completamente el torso y los brazos y llevaba debajo un corsé para estrechar la cintura. La falda destacaba por ser muy abultada, lo cual se lograba mediante una estructura de un metal. Si bien el uso de estos accesorios servía para adelgazar la silueta y hacerla más atractiva para los varones, el sentido fundamental de la estética femenina estaba centrada en su imagen débil y dependiente. Los corsés aprisionaban tanto los pulmones que las mujeres se desmayaban con demasiada frecuencia. El corsé desapareció a inicios de la Primera Guerra Mundial debido a que las mujeres debían suplir la mano de obra masculina y requerían mayor comodidad en el vestir para producir mejor. Los tacones eran y aún son indumentarias que representan el símbolo de sumisión dadas sus características restrictivas sobre el cuerpo, ya que limitan la movilidad, afectan el equilibrio, disminuyen la velocidad de desplazamiento y aumentan el cansancio corporal al caminar largos trayectos.
El tacón es reconocido como uno de los más comunes fetiches preferido por los hombres, razón por la cual se utiliza con frecuencia en actividades de prostitución y en los espectáculos diseñados para el público masculino. La falta de inocencia del uso de tacones radica fundamentalmente en los diversos problemas médicos asociados a su uso, como deformaciones en la columna, dolores de espalda, problemas renales o de ovarios. Las mujeres sufren de cuatro veces más problemas en los pies que los hombres, a causa de los tacones. Problemas como el Hallux valgus, Sesamoiditiso el Dedo en martillo son provocados o agravados por el uso de tacones. Estas indumentarias junto a los diversos símbolos de la femineidad como las uñas largas, la depilación de las piernas, el maquillaje, la modelación de un cuerpo delgado, etc., constituyen mandatos genéricos de la femineidad, que tampoco son inocentes.
Si bien el planteamiento feminista reivindica posiciones construccionistas sobre el género y la sexualidad, la modelación binaria del género sigue siendo una práctica cotidiana en ellas como en toda la sociedad. No es raro encontrar activistas feministas vestidas y arregladas a la usanza femenina, sobre todo si deben aparecer en los medios de comunicación. Lo cual significa que el dispositivo del control masculino sigue manejando incluso las mentes más críticas y disidentes presentándose como modelos a seguir dentro de los propios mandatos de las reglas de opresión patriarcal. Así, pareciera que la sexualidad es una fuerza natural que existe con anterioridad a la vida social, eterna, inmutable y transhistórica, imposible de modificar, y que la interiorización de las normas sociales que ordenan la sexualidad, que sirven al refuerzo del status quo, y ratifican la hegemonía de los varones occidentales, blancos, heterosexuales y de clase media y media alta es difícil de romper. Sin embargo, la cadena de la opresión, en el último eslabón se rompe. El feminismo requiere revisar a profundidad los dispositivos de control patriarcal y, las feministas transformar nuestro ámbito privado como ejercicio de lo político. ♀

Norma Mogrovejo
[1] The Tonight Show, programa televisivo de la NBC,  Agosto de 1998.
[2]Suárez, Beatriz, De cómo la teoría lesbiana modificó a la teoría feminista (y viceversa), Publicado en Internet en la dirección: http://webs.uvigo.es/pmayobre/pc/profesorado_11.htm#beatriz, revisado 20 de diciembre 2012.
[3] http://www.nodo50.org/herstory/textos/Escupamos%20sobre%20Hegel.pdf
[4]  Hernández, Alma Rosa (1990),”Historia, ideología y praxis del feminismo en México”. UNAM, México, Pág 26.
[5] Millett, Kate (2010), Política sexual, Cátedra.
[6] Rubin, Gayle (1986), El tráfico de mujeres: Notas sobre la economía política del sexo, Nueva Antropología Vol.VIII, N°30, México.
[7] Wittig, Monique (2006), El pensamiento heterosexual y otros ensayos, Egales.
[8] Espinosa, Yuderkis (2007), Hasta dónde nos sirven las identidades en Escritos de una lesbiana oscura, reflexiones críticas sobre feminismo y política de identidad en América Latina, en la frontera, Buenos Aires, Pág 32.
[9] Paredes, Julieta (2006), Para que el sol vuelva a calentar en No pudieron con nosotras: El desafío del feminismo autónomo de Mujeres Creando, Serie: Entretejiendo. Crítica y teoría cultural Latinoamericana, Elizabeth Monasterios P. editora, Plural Editores, Ecuador, pág. 66.
[10] Pisano, Margarita, Lesbianismo: un lugar de frontera, http://mpisano.cl/articulos/lesbfrontera.htm
[11] Simmel, Georg (1988), La aventura, Barcelona, Península, pg 28.
[12] Entwistle, Joanne (2000), El cuerpo y la moda, Barcelona, Paidós.
[13] Lipovetsky, Guilles (1990), El imperio de lo efímero, Barcelona, Anagrama, pg. 17.

http://normamogrovejo.blogspot.com/2014/11/la-femineidad-construccion-perversa-de.html
Leer más...

domingo, 16 de noviembre de 2014

¿Por qué las mujeres ecuatorianas tienen menos derechos que antes?



En 1979 se reconoció la discriminación contra la mujer. Ese año, la Asamblea General de la ONU aprobó la Convención conocida como la CEDAW, que en su preámbulo menciona explícitamente que las mujeres seguimos siendo objeto de importantes discriminaciones. También subraya que esa discriminación viola principios de la igualdad de derechos y del respeto de la dignidad humana.  Ecuador ha firmado y ratificado este tratado. En el 2014, en el país se elabora el Informe Sombra, documento creado por la Coalición Nacional de Mujeres, que será entregado al Comité de la CEDAW en enero del 2015. El texto, elaborado por una serie de organizaciones que apoyan los diferentes derechos de la mujer, evidencia que en Ecuador existe un retroceso en la materia.

El informe contiene un análisis del contexto político y social del país en los últimos años y en él se evalúa lo que establece la Constitución, las normas secundarias respecto al reconocimiento de los derechos de las mujeres, el rol del Estado en la formulación y ejecución de políticas públicas que propicien la igualdad entre mujeres y hombres, y lo que ocurre en la práctica en nuestro país en materia de género. Es imposible abordar el Informe Sombra completo pero intentaré resumir algunos de los puntos más relevantes.

El derecho a la vida libre de violencia

El derecho a una vida libre de violencia, física, psicológica, sexual y patrimonial, sigue siendo el más importante de los planteados por las mujeres ecuatorianas en las últimas tres décadas.

La violencia contra la mujer, en sus distintas etapas, es justamente uno de los problemas sociales más graves del país. Según la Encuesta Nacional de Relaciones Familiares y Violencia de Género del INEC y CDT 2011, seis de cada diez mujeres de entre 15 y 64 años han sido víctimas de violencia en algún momento de su vida. La cuarta parte ha sido víctima de violencia sexual. Dentro de este grupo, el número de menores es alarmante: según datos de la Fiscalía General del Estado, en el 2013 se produjeron 961 denuncias de violación contra niñas menores de 14 años.

Hay avances en el tema, como la creación de judicaturas especializadas con personal especializado, y la incorporación de nuevas tipificaciones sobre violencia y femicidio en el Código Orgánico Integral Penal (COIP), pero aún el Gobierno no logra garantizar el derecho a una vida sin violencia a las mujeres. No existe una política de prevención, ni rectoría clara sobre el tema; hay artículos en el COIP que tienden a colocar la violencia de género y los delitos comunes en el mismo nivel. Dichas políticas no han contado con la voluntad política suficiente, por lo que han sido débiles, descoordinadas e insuficientes.

En septiembre del 2007 se promulgó el Plan Nacional de Erradicación de la Violencia de Género hacia la niñez, adolescencia y mujeres (PNEVG) como una política pública integral e intersectorial. Desde entonces se han dado varios cambios: Ya no existe el Consejo Nacional de las Mujeres, tampoco el de la Niñez y Adolescencia. La Ley de Consejos de Igualdad –que aún no se ha implementado– quitó las funciones de la Comisión de Transición (ex CONAMU). El Instituto Nacional de la Niñez y la Familia (INNFA) desapareció y sus funciones fueron asumidas parcialmente por el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES). El PNEVG ya no es presidido por el Ministerio de Interior, sino por el de Justicia y no hay una cabeza visible que actualmente responda por él.

Sistema de protección

Desde el 2008, el Estado ecuatoriano ejecuta el proyecto de inversión “Fortalecimiento de Centros de Atención y Protección a niñas, niños, adolescentes y mujeres víctimas de violencia intrafamiliar y/o sexual y explotación sexual”. Por razones políticas, la responsabilidad de la ejecución de este proyecto, inicialmente encargada al MIES, fue trasladada al Ministerio del Interior, y luego de un año, al de Justicia.

Este ir y venir de competencias incidió negativamente en el sistema de protección. Según un informe de la Coordinadora de Red de Casas de Acogida y Centros de Atención, dos de las seis casas de acogida han cerrado, al igual que algunos centros de atención a víctimas. Desde hace ocho meses el Estado no paga a los equipos técnicos de estos sitios.

Acceso a la justicia

Con la Reforma Judicial, iniciada en julio del 2011, se crearon unidades para el juzgamiento de contravenciones en violencia intrafamiliar que reemplazaron a las Comisarías de la Mujer y la Familia creadas en 1994. Entre julio y septiembre del 2013 empezaron a operar veintiocho Unidades de Violencia contra la Mujer y Familia (UVMF), ubicadas en veinticuatro cantones de dieciocho provincias. Las Comisarías Nacionales y las Tenencias Políticas que conocían los casos de violencia y administraban justicia, han desaparecido o ya no tienen competencia para hacerlo. La transición dejó vacíos: de acuerdo al Consejo Nacional de la Judicatura (CNJ). Hasta junio del 2014, cincuenta y ocho cantones –de 221– aún no tenían ninguna judicatura que atendiera estos casos. Las mujeres víctimas de violencia de las zonas rurales y de cantones apartados han quedado en total indefensión.

Por ejemplo, en los cantones de Manabí y Zamora no hay peritos calificados y a falta de sensibilización y capacitación de operadores y personal de administración de justicia, los médicos de los centros de salud no se quieren involucrar.

El nuevo Código Integral Penal (COIP) –en vigencia desde el 10 de agosto del 2014– no protege a las mujeres de manera oportuna, y las somete a un proceso de revictimización. No hay fuero especial para los delitos de violencia intrafamiliar, ni jueces, ni procedimientos especializados.

Otro de los aspectos cuestionados en el COIP es la valoración que reciben los certificados de honorabilidad o laborales, presentados por el presunto agresor. Darles valor para permitir que el maltratador se beneficie con elementos que atenúen su sentencia, es desconocer que la violencia contra las mujeres tiene dinámicas particulares, y que las conductas públicas de un maltratador pueden no ser evidentes fuera del hogar. Si los operadores y administradores de justicia no tienen formación en derechos humanos, género y violencia, con seguridad estos “certificados” reforzarán la posición de poder de los maltratadores frente a sus víctimas, y las pondrán en más riesgo.

Violencia Sexual

Una de las formas más “efectivas” de controlar a las mujeres y demostrar poder sobre ellas es la violencia sexual. Esta afecta a una de cada cuatro mujeres en el país (25,7%). Se clasifica en: abuso sexual antes de cumplir 18 años, acoso sexual, violación u obligación a realizar actos sexuales en contra de su voluntad. Dichas imposiciones no solo atentan contra su libertad sexual, sino que suelen tener efectos devastadores en la vida de las mujeres. Más del 80% de las violaciones son cometidas por personas cercanas a la víctima: familiares, vecinos, maestros, conocidos.

La imposición de relaciones y prácticas sexuales utilizando la fuerza, amenaza o intimidación, es quizás la expresión más brutal de las desigualdades de género, y refleja claramente el ejercicio de poder masculino para someter o controlar los cuerpos de las mujeres. El 6,7% de mujeres de quince años han sido violadas u obligadas a tener relaciones sexuales en contra de su voluntad. Es decir que cerca de 380 mil mujeres han vivido este tipo de agresiones, que afectan el bienestar físico y sexual de las víctimas, y su vida afectiva en el ámbito familiar, laboral y social.

Las denuncias reiteradas de mujeres de diferentes partes del país evidencian que los delitos cometidos en el ámbito educativo no se llevan a juicio ni se sancionan, pese a que existe una normativa. Los profesores no denuncian y la sanción máxima son las medidas administrativas. Las víctimas no tienen ningún tipo de apoyo y en ciertos lugares, han sido expulsadas de las escuelas.

Femicidio

Las organizaciones de mujeres del país fueron las primeras en alertar sobre la recurrencia de muertes de mujeres, solo por ser mujeres: muertes en manos de sus parejas, ex parejas, familiares o conocidos que se ensañan con sus cuerpos dejándolas mutiladas, violadas, apuñaladas, ahorcadas, torturadas. La Constitución del 2008 recoge esta preocupación en sus artículos 11 y 66, y el COIP los retoma en el 2014. La Asamblea Legislativa tipificó en el COIP el femicidio como delito a partir de la propuesta del movimiento de mujeres. Pese a esto, los familiares de las víctimas se encuentran en escenarios jurídicos que desfiguran la vida e imagen de las víctimas para favorecer al presunto culpable. Esa situación se extiende como una estrategia jurídica de los abogados y defensores públicos en perjuicio de las víctimas no solo de femicidio, sino de violencia.

Clínicas de deshomosexualización

Pese a que el Ministerio de Salud (MSP) reconoce que no existe una información exacta, se sabe que en el país funcionan al menos 314 clínicas de deshomosexualización. Los datos son de veintiún provincias, ya que no hay información de Bolívar, Galápagos y Cotopaxi. El Ministerio y la Fiscalía han intervenido tan sólo en cuatro centros en el 2013 y han realizado tres operativos de control en el 2014. La mayor parte de los centros siguen funcionando impunemente y otros se vuelven a reabrir con los mismos objetivos, pero con diferente personería jurídica. No hay un seguimiento que permita la total desaparición de estos centros que vulneran los derechos de las personas de diferente opción e identidad sexual.

La actuación del MSP evidencia una carencia de política pública sobre el tema. Esta omisión del Estado ha convertido a las clínicas de deshomosexualización en espacios de violación sistemática de derechos que se expresan en: el internamiento involuntario a través de prácticas de captura con el uso de la fuerza, manipulación o engaño, privación de la comunicación, evidencia de maltratos físicos, psicológicos y sexuales, privación al acceso a los servicios de salud, sometimiento de la voluntad a través de manipulación y engaño para conseguir obediencia o sumisión.

Mujeres privadas de libertad

A partir de los ochenta, el número de mujeres presas ha crecido de forma exorbitante, debido a la promulgación de leyes que penalizan los delitos asociados al tráfico de sustancias estupefacientes y psicotrópicas. Las razones de las mujeres para delinquir están relacionadas con su situación económica y la expropiación extrema a la que han sido sometidas, lo que genera las condiciones para su vinculación con la cadena de este comercio ilegal. Ellas son el eslabón más débil. En la actualidad, alrededor del 80% de mujeres privadas de su libertad, están detenidas por este tipo de delitos.

En marzo del 2013, el Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos, creó un nuevo modelo de gestión penitenciaria que promete la creación de nuevas cárceles regionales, y la implementación de un modelo penitenciario de alto control que atenta contra la posibilidad de autonomía y toma de decisiones de las personas privadas de la libertad porque promueve el encierro constante, la ruptura de vínculos familiares y sociales, y la implementación de un "sistema progresivo" que tiene como objetivo la división de las personas privadas de la libertad de acuerdo a la categoría de peligrosidad en que sean clasificadas.

El nuevo modelo penitenciario antepone la seguridad sobre los derechos humanos, sometiendo a las personas privadas de la libertad y sus familiares a una serie de mecanismos que impiden el ejercicio de sus derechos y los lesionan. Estos son: las requisas íntimas, el impedimento de ingresar objetos personales, la imposibilidad de disponer de visitas y contacto constante con sus familiares y allegados, la inexistencia de talleres y trabajos autónomos, el aislamiento, la incomunicación, la indefensión, la sumisión, la sanción y la amenaza como medios de relacionamiento.

No existe acceso a una defensa integral y adecuada, pues el nuevo modelo ha generado horarios para visita de abogados que son inadecuados e inconvenientes: Antes eran veinticuatro horas semanales, ahora son noventa minutos. Además se han detenido todos los trámites de prelibertades y beneficios. Se impide el acceso a cualquier medio de comunicación o expresión no dirigido (es decir que los libros de cualquier tipo, periódicos, fotos o audios están restringidos). Está prohibido poseer cualquier bien personal, gozar de movilidad dentro de la cárcel, incluso elegir qué ropa vestir. Las actividades económicas han desaparecido, y con ellas la posibilidad de aportar al sustento familiar, sin que se hayan generado alternativas. Las mujeres privadas de la libertad suelen ser cabezas de sus familias y su ingreso a la actividad delictiva muchas veces responde a la necesidad de mantener a sus hijos. Actualmente son los familiares quienes deben abonar una mensualidad para comprar los productos y enseres indispensables para las actividades cotidianas a una empresa privada; disminuyendo la autogestión y mermando aún más las deterioradas economías de las familias vinculadas a la prisión.

Las personas presas no pueden quejarse ni protestar, pues el control excesivo que potencia este modelo permite al personal de custodia y a las autoridades castigarlas quitándoles las visitas, hacerles un parte para un juicio interno o trasladarlas a otras prisiones.

Paridad

La Ley de Cuotas (2000) y el derecho a la paridad, garantizado en la Constitución (Art.65, 2008) han posibilitado un incremento significativo de la presencia política de mujeres en cargos de decisión. Existe todavía una brecha importante entre mujeres candidatas y electas. La paridad en los cargos de designación es aún un desafío por cumplir.

La mayor presencia de mujeres en cargos de representación generó expectativa de avanzar en materia legislativa y de política pública. Sin embargo, temas álgidos vinculados con la agenda feminista, como la despenalización del aborto y el matrimonio igualitario, encuentran su techo en la voluntad política del Presidente de la República Rafael Correa, de línea conservadora en estos temas.

En la actualidad, no existen mujeres que lideren partidos políticos nacionales, sus estructuras siguen siendo profundamente patriarcales. El único movimiento político liderado por una mujer –y feminista– es Ruptura de los 25, que fue extinguido en junio del 2014, mediante resolución del Consejo Nacional Electoral.

Marco general del derecho a la salud

A pesar de que la Constitución vigente declara al país como estado laico, la característica fundamental del marco legal ecuatoriano más importante expresa el dilema de un estado garantista vs. un estado controlador. Es cotidiana la intromisión de grupos de oposición a los Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos y su influencia en el quehacer de la salud sexual y reproductiva es excesiva y genera situaciones que impiden operativizar en la práctica el acceso a estos derechos consignados en la Constitución.

De manera general, percibimos que el acceso a entornos que posibiliten el derecho a vivir y acceder a servicios que prevengan embarazos no deseados, información basada en la evidencia médica libre de prejuicios en el ámbito de la salud sexual y reproductiva, una vida libre de violencia basada en el género, son todavía desafíos y utopías en el Ecuador.

Embarazo adolescente

Según el Plan Andino de Prevención del Embarazo en Adolescentes, el Ecuador ocupa el primer lugar en la región andina, y el segundo en América Latina, de embarazos en adolescentes. En el 2012, veinte de cada cien hijos nacidos vivos fueron de adolescentes. En los últimos diez años, el incremento de partos de adolescentes entre diez y catorce años fue del 78%, y en adolescentes de entre quince y diecinueve, del 11%.

Morbilidad y mortalidad materna

Ecuador no cuenta con estadísticas actualizadas sobre la salud sexual y reproductiva desde el 2004. La población desconoce su situación real y los tomadores de decisiones en la elaboración de políticas públicas no se sustentan en datos actuales. Existe información en el INEC y Ministerio de Salud que dicen que el aborto en condiciones de riesgo es la primera causa de egreso hospitalaria en el 2011 o y la segunda en 2012. Esto demuestra que, a pesar de la ilegalidad del aborto en el Ecuador, las mujeres interrumpen sus embarazos de manera insegura y acuden al sistema de salud público para que resuelvan situaciones de abortos incompletos que pondrían en peligro su salud y su vida. El aborto en condiciones de riesgo se constituye en la segunda causa de morbilidad femenina.

La población ecuatoriana perdió la oportunidad histórica de que se despenalice el aborto en caso de violación. Durante el 2012 y el 2013 se discutieron varios borradores y propuestas de Código Penal Integral, en el cual las mujeres organizadas plantearon –reiteradas veces y de manera sustentada– la necesidad de que el aborto en caso de violación debería ser despenalizado.

La Comisión de Justicia de la Asamblea incluso llegó a elaborar un borrador de documento en el cual aparecía este avance. Sin embargo y a pesar de la evidencia en relación a la gravísima situación de la violencia sexual, el Código fue aprobado con un articulado sobre el aborto similar al que se tenía hace setenta y cinco años. La incidencia del movimiento de mujeres, y en especial del Frente Ecuatoriano por la Defensa de los Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos, logró sensibilizar a un número importante de asambleístas, quienes se pusieron a favor. Sin embargo, desde su posición moralista y católica, el Presidente de la República amenazó con renunciar a su cargo con el fin de no dar paso a esta posibilidad y las asambleístas que lo propusieron fueron castigadas.

Derogatoria de la Ley de Maternidad Gratuita y Atención a la Infancia

A través del Código Monetario y Financiero se ha derogado una ley de singular importancia para las mujeres y niños: la Ley de Maternidad Gratuita y Atención a la Infancia (LMGYAI). Esta contempla y garantiza el financiamiento de setenta y dos prestaciones de salud sexual y salud reproductiva y se viene aplicando a través de un modelo de gestión denominado Unidad Ejecutora de la LMGYAI. La acción del Movimiento de Mujeres ha logrado conservar la ley como texto, sin embargo su propuesta fundamental, que es la Unidad Ejecutora de los recursos, ha sido eliminada, lo que en la práctica representa derogación.

Perdiendo derechos

Ecuador vive un proceso de estancamiento profundo en torno a los derechos de las mujeres. Los marcos legales no incorporan avances respecto de leyes que al siglo veintiuno, son retrógradas, misóginas y patriarcales. Esta situación afecta sobre todo a las adolescentes y mujeres más pobres, indígenas o pertenecientes a los diferentes pueblos y nacionalidades, y a aquellas de las diversidades sexuales.

La implementación de la garantía constitucional del Estado laico y la ética laica presenta muchas debilidades en la cotidianeidad. La Constitución no solo no se está cumpliendo, sino que la normativa secundaria y su aplicación reflejan problemas e incluso retrocesos para la vigencia de los derechos de la mujeres. La desestructurización de la institucionalidad de género en el país impide que exista una unidad rectora en políticas sobre derechos de la mujer y ha causado el retroceso en la legislación en cuanto a violencia, derechos sexuales y reproductivos, maternidad gratuita y personas privadas de la libertad.

Ese retroceso ocurre en medio de un clima de intolerancia que cada día se vuelve más pesado y asfixiante, provocado por el lenguaje autoritario, impronta del actual Gobierno. Pero no se queda solo en las palabras, se cristaliza en hechos: la restricción de las libertades y garantías, la criminalización de la protesta, el hacer blanco de ataques mediáticos a dirigentes sociales y periodistas, las limitaciones al derecho de asociación a través de los decretos 985 del 2012 y 16 del 2013 que impone severas regulaciones estatales a organizaciones de la sociedad civil, la consecuente eliminación arbitraria de Acción Ecológica y Pachamama, el amedrentamiento de la movilización y la protesta por parte de la ciudadanía. No solo se han naturalizado las relaciones violentas, sino que también existe una reproducción de la violencia simbólica y los imaginarios patriarcales, de relaciones de género –que son relaciones de poder– alrededor de la figura presidencial. Este fenómeno incluye la presencia de mujeres en cargos de decisión, las cuales no pueden decidir sobre políticas públicas que les competen.

Hace poco más de un año, en la Asamblea Nacional se discutió la despenalización del aborto por violación. Qué puede ser más patriarcal que papá Correa llamando al orden –con amenaza, berrinche y pataleta– a las asambleístas malcriaditas que se atrevieron a debatir este tema prohibido en el seno de la legislatura. No necesitamos a la restauración conservadora. El conservadurismo está hoy en Carondelet y a quien más nos jode es a las mujeres.

Silvita Buendía
27 de Octubre de 2014

- See more at: http://gkillcity.com/articulos/fuck-you-curuchupa/las-leyes-que-caminan-atras#sthash.PcmCODnl.dpuf
Leer más...