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sábado, 17 de marzo de 2012

Amina Saïd de Tunez




Amina Saïd es una poeta nacida en Túnez, con residencia en Francia (Paris) desde muy temprana edad. Tiene en su haber una obra importante : cuentos, traducciones y sobre todo un número considerable de poemarios : Paysages, nuit friable, Métamorphose de l´île et de la vague, Sables funambules, Feu d´oiseaux (premio Jean-Malrieu); Nul autre lieu, L´Une et l´Autre nuit (premio Charles-Vildrac, Société des gens de lettres, Paris, 1994); Marcher sur la Terre, Gisements de lumière1, De décembre à la mer1, La douleur des seuils.

Amina colabora en diversas publicaciones, da recitales de poesía y participa en congresos literarios y en festivales de poesía por todo el mundo. El pianista y compositor Thierry Machuel ha musicado varios de sus poemas que, bajo el título Le livre de sable, han sido interpretados por el coro de cámara Mikrokosmos, con el que ha realizado giras por Francia, Méjico y Japón.

Mi primer contacto con la poesía de Amina Saïd se realizó a través del poema “je suis née sur les bords”: primer umbral del poemario La douleur des seuils. Este poema me invitó a leer el resto de su obra, en la que, a través de una palabra que devuelve paisajes de la infancia y que rescata viejos y múltiples espejos tras la palabra, descubrí a una poeta que desde su imaginario de mujer, desde su voz, unas veces serena, otras desgarrada, invita a mirar el otro lado del horizonte.

En realidad, descubrir la poesía de Amina es (re)descubrirse a una misma, pues a pesar de las distancias, por encima de las culturas y de las razas, más allá de las lenguas y de la Historia, Amina escribe desde la soledad y el silencio: lugares que no saben de patrias.

Confieso que desconozco casi todo sobre Amina; que lo que sigue son tan sólo unas cuantas impresiones escritas desde el vértigo de una lectura apasionada, realizada por esta lectora que ama Túnez, sus gentes, sus costumbres, y que, además, ama la poesía de verdad, ésa que sin imposiciones consigue instalarse en el alma para no abandonarnos jamás. Espero lector-lectora que las impresiones apresuradas de lectora que te ofrezco sirvan para que te acerques al universo poético de esta mujer poeta que consiguió un día decir “yo” gracias al poema.

***

Mujer mediterránea y poeta, Amina Saïd nace en 1953, “sur les bords / de la mer du soleil couchant / la grande mer... / la mer des Philistins / qui baigna Carthage...”14. Su padre, tunecino, y su madre, francesa, constituyen los pilares de una herencia duplicada que se verá reflejada en su poesía: “ j´avais deux visages je vivais dans deux mondes”. Mujer poeta y mediterránea, Amina ha bebido de dos lenguas y de dos culturas, las que conforman el Oriente y el Poniente de una existencia tatuada desde el origen, marcada antes incluso de nacer mujer árabe, mediterránea y poeta. Una existencia situada a ambos lados de un espejo que la luna ilumina en una reflexión perpetua e inevitable; los dos lados de una barrera invisible, pero tan poderosa, que condiciona todo el material con el que Amina construye y deconstruye los recuerdos, los deseos y los sueños: la poesía.

Amina poeta escribe en francés, lengua materna en tanto que lengua de su madre, lengua de los otros en tanto que distinta de aquella de sus orígenes. Amina poeta escribe desde casi siempre, en todos los tiempos, en Oriente y desde Occidente, pues es sobre todo hija del tiempo en busca de un espacio que no es este lado ni aquel lado del mar; un espacio situado a ambos lados del umbral de la historia; un espacio reconocible en los límites del poema: única “frontera” cuando el resto de fronteras son abolidas. Por eso, porque le ha tocado asumir y resolver en su seno las contradicciones de una biografía que el tiempo y el espacio van construyendo a golpe de palabra, verso a verso, poema a poema y libro a libro, la poesía de Amina, más allá de velos y de máscaras, es más poesía en la Babel de la vida y en el microcosmos del poema: allí donde se muestran las fisuras y se producen las metamorfosis; donde las recurrencias son evidentes sin que ello sea demérito, sino esencia de una escritura palimpsesto de escrituras: “he dormido tres siglos sobre un lecho de rocas...”.

Amina, mujer mediterránea y poeta, despliega en sus poemas un universo que, a fuerza de ser personal, termina siendo universal, pues, sabedora de que la “memoria es tan extensa como el mundo”, aborda temas que trazan un itinerario físico y mental con el que el lector, al menos esta lectora, se identifica fácilmente. Empatía que, formalmente, se produce de manera sutil con el paso imperceptible de la primera persona del singular (“je”, “moi”) a la primera persona del plural (“nous”, notre”, “nos”), característica de toda su poesía; desplazamiento que pone de relieve la conciencia de pertenencia a una colectividad que va más allá de lo racial y de lo cultural, pues habitante de “deux mondes”, el sujeto poético camina por el mundo descubriendo en “lo otro” sus propios dobles, sus sombras: “doble exacto de mí misma”.

Búsqueda inevitable, viaje ineludible para quien, mirando al cielo junto a “un palmier qui bientôt caressa les nuages”, descubre que su destino está también al otro lado y que ni siquiera la esfinge, ciega, podrá negarlo: “merveilleusement immobiles / des sphinx aveugles peuplaient mes jardins de sable”.

Tan cerca y tan lejos del mundo (“il y avait entre le monde et moi / tant d´espace et si peu”), Amina, mujer poeta, dibuja una gran franja de mar, siempre el mismo, útero primigenio unido por dos tierras, por dos seuils iniciáticos que invitan y condenan a la errance: “nunca dejaremos de vagar / en busca de un lugar / que no tiene lugar”. Paisaje y pasaje marinos, único viaje desde el Aleph que abre y cierra su nombre; viaje hacia el fin desde el principio que es, en definitiva, el fin: la infancia: “je suis de mon enfance et donc de nul ailleurs”. Vaivén obligado en una poesía donde la voz poética se reclama “algue vague poisson” en primera persona, apuntalando, fijando y mostrando sus andamiajes (que son también los de la autora) sin estridencias, sin rubores, asumiendo la realidad doble que le permite saberse “minuit de lumière alphabet du rien... /grande mer intérieure à l´oeuest de nos rêves”, que siempre están al Este. Viaje sobre todo interior en el que el yo mira siempre hacia el horizonte, telón de fondo desde el que atar y desatar los nudos de la incertidumbre.

Libre de metros y de rima, doce fragmentos son suficientes para trazar una biografía siempre incompleta: “existe aún una palabra para lo imposible (...), cómo encontrar el camino / que conduce al occidente de mí misma...? ”; anticipación y flash back al unísono. Doce estrofas para tejer y destejer las instantáneas de una vida dedicada a “calligraphier les siècles / à l´encre bleue de la mer”.

“Je suis née sur les bords” pertenece al poemario La douleur des seuils (2002) y constituye por sí sólo un apartado: “Naissances”. Situado en el umbral del libro, este poema abre la puerta a todo lo que encontramos entre “todos los nombres del mundo” y “del otro lado del sol”. Su lectura remite irremediablemente a libros anteriores: mismo imaginario, mismas metáforas, mismo contexto... mismas palabras siempre y siempre distintas, pues la poesía de Amina no dibuja un círculo (aunque pueda parecerlo), sino espirales por las que se deslizan las palabras como se desliza la vida, navegando siempre por orillas inciertas, haciéndose las mismas preguntas sin reclamar respuestas, ya que pregunta y respuesta acaban siendo lo mismo.

Más que de repetición habría que hablar de variaciones, de nuevas connotaciones para “viejas vivencias” (estrofas construidas con versos de estrofas precedentes, poemas con ecos de otros poemas...), obsesión a la hora de dar forma a un microcosmos marino del que no pueden ser excluidos el cielo, ni las sombras, ni la luz, ni los pájaros, ni la palmera, ni las máscaras...: elementos todos que marcan también los límites semántico-léxicos en los que tan bien se mueve la poesía de Amina creando isotopías que, partiendo del contraste, terminan haciendo del oxímoron el lugar de convivencia de los contrarios, en un universo como éste donde cielo y tierra, día y noche, luz y sombra son inseparables, y donde las contradicciones se desvanecen en la línea sutil en la que se confunden los puntos cardinales a la hora del crepúsculo: “soy el lugar del que vengo / aquel al que voy”; “ya no tengo sombra no sigo ninguna orilla / la tierra ya no es mi tierra / ya no hay país para mi libertad / habitamos aún la casa del alma / nuestra ciudad está aquí está en otra parte...?”

Una biografía orientada en todo momento hacia el pasado que fue y que es en el recuerdo (“je me souviens d´une nuit jeune / vécue au rythme de la mer”), incluso a los cuarenta años cuando, “toujours habitée par mes ombres”, el sujeto poético se reconoce, “entre passé et avenir”, hija de la infancia.

El tiempo, en su devenir, señala cada una de las etapas de la escritura, de la lectura y de la vida: nacimiento (“je suis née sur les bords de la mer...”), infancia (“à sept ans... / à neuf ans...”), adolescencia (“à onze ans...”), juventud (“à seize ans...”) y madurez (“à quarante ans...”): viaje del pasado hasta el presente según los dictados de una cronología que deja de ser lógica al descubrir que lo que permanecerá de ese viaje no es “ sino la nostalgia / alimentada con imágenes mentales”.

Retorno a los orígenes, al útero acuático que cierra el bucle, la fisura, recuperando y neutralizando la anáfora marina de la primera estrofa aligerada, desde el léxico, del peso de la Historia: “la mer blanche intérieure des arabes” es ahora el mar interior de todos. Exilio necesario para no perder el norte, el que un día mostrara “le palmier” plantada en suelo paterno señalando suelo materno: dos mitades de una misma realidad, reunidas desde “les deux syllabes libres du soleil”. Exilio obligatorio para saber, al fin, que “hemos luchado / por conquistar el Lugar / el mejor de los dos mundos”.

En la frontera de sí misma, Amina reconstruye las luces y las sombras de un pasado que la memoria intenta recuperar desde la “serenidad” que da el paso del tiempo y desde la libertad que procura la distancia: alejarse para encontrarse: “ya no hay lugar para ser / nos abandonamos / para entendernos mejor”. Descenso a los abismos interiores: del poema al mundo y viceversa: “loué soit le monde parce que tout existe / ailleurs que dans le poème et en lui”.

Nacida entre un mar de agua y un mar de arena, espacios propicios para la soledad y el silencio e idóneos para el espejismo, Amina establece con la arena y con el agua una estrecha alianza, y su poesía se mueve al ritmo del “alfabeto de arena” y de las “ondulaciones de la ola”. Amina es extranjera, sí, pero sobre todo “es”, y es desde su voz de mujer, en un espacio intermedio entre Oriente y Occidente, una especie de “Oridente” en el que las dos mitades del “simbǒlum” se funden anulando la diferencia, pues, quemadas todas “ las patrias”, sólo el poema puede rubricar la existencia. Más si, como en el caso de Amina, se confiesa ser “por lo que he escrito”.

***

Cuando se lee la poesía de Amina Saïd resulta complicado permanecer en los límites del poema. Su poesía invita, cual canto de sirena, a pasar al otro lado del verso, a otras orillas. Confieso que no he podido evitar la tentación. Con todo, lo aquí expresado es sólo el umbral que conduce a “las mil y una noches” de una poesía tan profunda que estos párrafos apenas si pueden esbozar.

Seguiré abriendo puertas: el silencio de los blancos, el alcance de los verbos, el valor de los opuestos, lo que esconden los números, la función del intertexto, las metáforas y, por supuesto, los lugares del encuentro-desencuentro. Siete puertas, siete, desde las que acceder a tantas estancias interiores como noches tiene el tiempo: el de los relojes y el otro: el tiempo de la memoria, el de los objetos, el del silencio... Pero eso será otro día, cuando, en conversación reposada con la poesía de Amina, pueda con ella “marcher sur la terre”, asistir a la “métamorphose de l´île et de la vague”, vagar por “sables funambules” y, de “une nuit-à- l´autre”, atravesando los “territoires de l´ombre”, llegar “de décembre à la mer”. Siete puertas para poder decir “-soy- cada letra del alfabeto”, “-prefiero- la noche al olvido”. Mientras llega ese momento, les invito a leer, desde cualquier orilla, la poesía de esta mujer que pone el alma (envés de su nombre) en cada palabra que escribe como si fuera la última: “las palabras me abandonan .../ soy un poema / que muere en tu boca”.






somos huéspedes desconocidos
en la casa del mundo
el mar la ola el escollo
el navegante descubriendo
la ausencia de boyas

somos el ojo que ve el ojo
y la visión que nos borra
somos aquello que miramos
en el fondo de los ojos
y que sabe que somos

somos lo único y el número
la cosa y su contrario
la multiplicación de lo visible
el ojo abierto sobre lo invisible

somos la sombra de la sombra
que entre la oscura claridad del sueño dormita

somos la huella sobre la arena
somos cada letra del alfabeto

somos el oráculo y el homenaje
la máscara suspendida en el árbol
el templo y el objeto ofrecido
a la luz muerta del templo

somos la pregunta
que no exige respuesta
somos la pregunta y la respuesta
ya que ellas no suman más que uno

somos el círculo
que se crea él mismo ad infinito
caminamos a grandes pasos en los dos sentidos
el calendario de los hombres
como una escala del horizonte
antes de ser invitados a franquear
de un salto el vacío que nos separa
de nuestro nacimiento

oscilando entre ebriedad y terror
somos eso que sabemos
y aquello que ignoramos
lloramos lágrimas de ámbar

somos la primera y la última palabra
la estrofa y el canto
y la boca que deseamos
aferrar a la cara del silencio

somos la mano insumisa
que traza el signo
el vértigo delante del abismo
abierto por el poema

cuando una palabra en nosotros duda ser dicha
alcanzamos la soledad más íntima
somos el paso y la marcha
el camino y la vía
y el último umbral que franquearemos
somos el lugar donde termina el mundo
aquel donde comienza


para quien nació cerca del mar
siempre el cielo será reflejo
de aquella otra parte que nos ha formado
la memoria es vasta como el mundo

ésta no es una ausencia tú me acompañas
como jamás me ha dejado
el canto de la mar en sus espirales de nácar
cuando tú vengas (porque tú vendrás)
es fuera del tiempo de los hombres
tú habrás hecho tu duelo de las nubes
como cada día la tierra se anudará a la luz
tú vendrás y quizás serás tú
el último serás tú el primero

el mundo es vasto como la memoria
a veces me pregunto quién habla por mi boca
quién hace éste sueño antes del alba
o entre el milagro del día
quién transcribe las palabras sobre la página
me sopla los silencios
troquela mis noches en cuartos
y condensa el rumor del mundo
en un suspiro de mujer
cuando yo venga (porque yo vendré)
ignoraremos el claro de luna helado
el rosario de los días y de las noches
extendidos entre la palma luminosa del sol
no sabremos más nada del mundo
y lo conoceremos todo
estaremos tan lejos de él que estaremos muy cerca
el tiempo que dura un vistazo alargaremos el tiempo
nos recordaremos nos olvidaremos
reviviremos el tiempo de infancia
seremos parlanchines seremos mudos
nos enraizaremos en las venas de la luz

cuando tú vengas (porque tú vendrás)
será para nuevos nacimientos
cerraremos las pupilas gemelas del sueño
seguiremos con la mirada navíos invisibles
contando hasta siete siete veces
y seremos pacientes impacientes
tormentosos apacibles porque de la palabra
al silencio y del silencio al aliento
habremos estado muy cerca de abolir el tiempo

vértigo despertares secretos
has tomado el lugar del día y el de la noche
desde entonces temo la prueba
y la multiplicación de las horas
rota sobre el espejo de tu cielo
soy una estrella muerta
una impronta vacía un reflejo

voy al azar desligada de la tierra
me miro vivir con los ojos cerrados
sobre los espejismos sin consecuencia del mundo
y permanezco sin excusa
caigo entre el eco impreciso del silencio
mientras que incineran mis sombras
que existían sin mi

no vuelvo la cabeza más que al llamado de mi nombre
yo bordeo lo imprevisible
el sufrimiento se burla de mí
el día la noche me hacen falta
la espera desposa la soledad
y la sombra que desciende sobre mi
rodea de negro mis ojos

yo me corono de indiferencia
y lloro arco iris inconcebibles
tengo bajo la lengua un delirio de palabras
que uno no se imagina y que solo libera
el vértigo transparente de los pájaros
estoy por fuera del espacio
ya no se saludar el tiempo

como en otra lengua
se oculta el secreto de las vocales
signos invisibles que el ojo recrea
yo inauguro la pérdida de un rostro

el ojo es una estrella entre un cielo negro
una lágrima de luz traza su surco
entre la claridad que hará el día
la hoja de los cuerpos cortará el espacio

llevamos el recuerdo de una ribera antigua
la antorcha del tiempo se consume
el ser refugiado en el ser busca su sombra
lenguaje perfecto del silencio

yo me empeño en hacer revivir
el pasado entre mi ojo izquierdo
el ojo derecho que el sol ilumina
se inventa un futuro incierto

yo no concibo la tierra sin el cielo
la luz sin el sacrificio de las tinieblas
el agua sin la sed de las piedras
el poema sin el ser el lugar sin la búsqueda

soy el absoluto del círculo y su tensión
la noche y la iluminación la sombra
y el umbral el fuego y el símbolo del fuego
yo soy mil yo soy una

yo comienzo y me recomienzo
entre el infinito de las metamorfosis
entre el calendario inagotable del tiempo
yo accedo a tu séptimo día

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